El ministro de Educación, Ángel Gabilondo, puede haber abierto la caja de los truenos al plantear en una entrevista en RNE sus ideas sobre algunas reformas del sistema educativo. Habría sido más adecuado analizar qué mejoras necesita la actual Ley Orgánica de Educación (LOE) en otro ámbito, primero el profesional, para que el debate no se convierta, como en otras ocasiones, en un enfrentamiento político. Ha planteado la posibilidad de prolongar la enseñanza obligatoria hasta los 18 años. Se trata de una medida arriesgada si no va acompañada de una transformación de la oferta educativa. Cuando se impuso la obligación de asistir a clase hasta los 16 años, decidida también en tiempos de crisis económica, se apuntaban objetivos ambiciosos, aunque después se ha considerado una de las causas del aumento exponencial del fracaso escolar, al mantener en las aulas a quienes no muestran interés por el estudio. Ampliar el tiempo de formación es positivo y debería traducirse, a medio plazo, en una mejora de la competitividad en España, sin embargo no poner los medios necesarios puede significar un nuevo fracaso de otra legislación en esta materia. Conviene escuchar a los educadores.
Editorial
El enésimo debate sobre el sistema educativo