Margarita Caules Ametller
Aquel legendario café del Andén de Levante, por el decir de Mario, funcionaba muy bien, debido a la gran dedicación y predisposición a fer-lo funcionar.
Dicen los hombres de mar que com més mar, més vela. Y esto es lo que precisamente hacía el matrimonio Pons Tur. Nito e Irene no escatimaban ni horas de trabajo, ni tan siquiera sabían en qué día de la semana se encontraban. Digo mal, al llegar el viernes, la pareja se sentaba en el bar, en una de las últimas mesas, la del rincón, a la vez que tomaban un café, para ir confeccionando la lista de la compra, se acercaba domingo, y con él un buen ajetreo que bien merecía la pena, el faenar entre fogones, hasta los hijos ayudaban a pelar patatas.
Fue Nito, el cabeza de la familia, que al tener la idea de preparar comida para contentar a su público de baixamar, pensó hacer lo propio los domingos y festivos. La única pega o dificultad, sería la semana que jugara en el campo de San Carlos su equipo, el de toda la vida, la Unión. Dejó de pensar en ello, aludiendo que llegado el momento ya lo solventaría, y así fue? Un buen amigo, Román Dols Foncuberta, quedaba atendiendo en la barra cada vez que los unionistas jugaban en su campo. Nito y sus hijos, tan pronto como tenían servidas las mesas, deixaven es tafetà, subiendo a toda prisa. Con el paso de los años, quedaba Pedro, aquel querido camarero que trabajó con ellos más de 20 años.
En aquellos momentos la mayoría habían cambiado los Seat 600 y los Citroën 2 CV, adquiridos en casa Parot, por el 850, Renault, Ford y los sofisticados Talbot. Las familias bajaban, sin preocuparse del aparcamiento, dándoles la sensación de que arribaven a ca seva. Un agradable ambiente familiar se entremezclaba, entre propietarios, clientes y viceversa. Mientras esperaban se les sirviera es dinar, los chicos jugaban tranquilamente, los domingos en baixamar se encontraba una calma chica, me refiero que ni carros, ni transportistas, feia molt bon anar.
En la pizarra, escrito a tiza, tras leerse una larguísima lista de sabrosas tapas, se podía leer: ¡Domingos y festivos¡ De 1º, Arroz paella. 3, segundos, pollo rostit, bistec con patatas fritas o un corte de pescado, según la época del año. Postre a elegir entre flan, puding, galletas maría cubiertas con crema, auténticas delicias, muy caseras, preparadas pr la propia Irene. Agua, gaseosa, o sifón para acompañar el vino Don Mendo. Todo ello por 520 pesetas. Café y copa aparte.
Tal como lo recuerda Mario, llenaban el comedor, incluso se hacían turnos. Fue tal el éxito, que otros bares de la ciudad hicieron lo propio.
Siempre se supo que La Marina, alcanzó muy buena fama por los llamémosles cafeteros, ¿cuál era el secreto?
En el año 52, Jaime y María adquirieron una cafetera expreso a un barco cubano que fondeó en nuestro puerto, siempre escuché que fue la primera en toda la isla, de ahí la fama? además se intentó adquirir buen café, huir de las mezclas y por supuesto de lo que llamaban chicoria.
¿Cuánto costaba un café?
75 céntimos, la mayoría entregaban una rubia o una peseta de papel, quedando 25 céntimos de bote. Con el tiempo fue subiendo, a la vez que se mezclaba con leche envasada, cuando empezaron mis padres, todos los días, el lechero repartía la leche fresca. Por aquel entonces en Mahón ya iba a 1,50.
¿Cuál era el horario de La Marina?
A las 5.30 de la madrugada, en invierno, estaba totalmente a oscuras, con la particularidad de que aún rondaba el sereno. Para abrir a aquella hora, mis padres se levantaban a las 4.30. Nosotros vivíamos en el piso de arriba. Lugar donde nací, no es extraño que me llamen Mario de La Marina.
No tan sólo venían a tomar el gin y el café con leche la gente des moll, hacían lo propio otros que trabajaban arriba de Mahón. Con los primeros clientes, se empezaba la rueda de la faena, que no paraba hasta que se cerraba el local, sobre las 12 de la noche, antes de cerrar, mi madre dejaba el local y dependencias fregadas a punto para el día siguiente.
¿Quiénes solían ser los primeros?
Los portuarios, que estaban tan acostumbrados que, de no haber barco, igualmente bajaban, los payeses de los vergeles, después de dejar sa sumada en el mercado. Los empleados de la Base, los del falucho del parque de artillería, poco a poco iban entrando los empleados de las agencias de transporte, que había varias, y también los almacenistas de coloniales, mecánicos de los Hermanos García, can Sipriano, del taller Romp, casa Manent, sin olvidar los de la eléctrica de la Gesa, los que regresaban de haber pasado el turno de la noche y los que iban a iniciar la jornada. Pescadores y, entre todos ellos, los carabineros de mar, y guardias civiles, que dejaban sus oxidadas bicicletas estalonades defora, los recuerdo con sus gruesos capotes, que los abrigaban en sus rondas por el campo. Es preciso citar a los pescadores de caña, que a lo largo del muelle había muchos, hasta la colàrsega, los mañaneros dedicados a la captura de pulpos y sepias y los matarifes y carniceros del matadero, que tampoco faltaban jamás. Era frecuente que entre unos y otros los que llevaban menos prisa jugaran alguna partida de truc. De ser así, se armaba un guirigay de mucho cuidado, todo ello bajo una espesa humareda de tabaco, mezcla de pota, que aún se estilaba, caliqueños, algún Toscano y cigarrillos, muchos cigarrillos, Bisontes, Ideales?
Mientras tanto, mi madre no paraba de ir preparando desayunos, para ello contaba con varios cestos de panes que había dejado el panadero.
¿Recuerdas algún cliente en especial?
A muchos, pero el padre Petrus dejó en La Marina un grato recuerdo, todos los días venía a comer, durante más de 20 años, jamás falló, le encantaban los fideos con ratjada, una tajada de sírvia con patatas fritas, las sobras del caldo, llamada ropa vieja. Era de muy buen comer. Puede decirse que todo le gustaba. El señor Petrus nos hizo querer su Alcázar. Otro de los recuerdos que dejó fue su gran afición al truc.
Entre aquellos queridos hombres que venían a formar la gran familia de La Marina, se encontraban Bili Fanals, ex combatiente en la guerra de África, y sus fantásticas historias de moros, que siempre contaba, vivía muy cerca del lugar y precisamente fue Mario, quien lo bajó por última vez. Paco bolita, Joanet es valencià, Manolo Santonja, en Toni es negre, Álvaro Petrus y otros que desgraciadamente en estos momentos no recuerdo con exactitud sus nombres, pero siempre están presentes, entre nosotros.