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En pocas palabras

Alí Babá y los cuarenta...?

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Serán más, más o menos, pero lo son. Era uno de nuestros cuentos y de nuestras películas de dibujos animados preferidas, disfrutábamos y tomábamos partido tanto con los buenos como con los malos.

La fantasía, la ficción y una enorme dosis de inocencia nos hacía vivir y soñar en un mundo que jamás iba a ser posible. Al grito de "¡Ábrete Sésamo!", llave que solo abría la cueva si su pronunciación era correcta, servía para poder llenar las alforjas de monedas de oro y salir corriendo.

Pero era un cuento. Yo no es que sea un convencido de que las fantasías se hacen realidad, pero sí que estoy viendo, aquí y ahora, que las realidades tienen muy poco de cuento. Alí Babá está vivo, vivito y coleando y sus cuarenta también y si no son tantos, lo parece. Ya no se entra en cueva ajena a grito de consigna, se entra por engaño, o se entra porque sí.

De la nocturnidad y alevosía sólo se utiliza la segunda porque de noche todos los gatos son pardos y te podrían confundir con el ciudadano normal que ha trasnochado y punto.

Y de día, ¿por qué no? La ventaja de la luz natural es que deja menos reflejos, es menos parpadeante , menos sospechosa, hasta las sombras son más fiables que las que se proyectan bajo un farol a las tantas y que te obliga a meter la nariz en la boca del lobo cuando ya es tarde para reconocerlo.

Entrar en las cuevas a la luz del día abre mejor sus puertas, te confía y no captas tanto las malas intenciones, las abres casi de par en par ante cualquier explicación por extraña que te parezca y hasta llegarías a invitar a tomar un café con pastas.

En Menorca deberíamos de dejar de leer tantos cuentos, sobre todo quienes ya no tenemos edad para hacerlo, no fiarnos de las palabras mágicas capaces de abrir las puertas de nuestras particulares cuevas y si me apuran y desean conservar el recuerdo de alguno de aquellos cuentos, quédense con el de "los tres cerditos", ya saben, aquel en que no abrían la puerta si no enseñaba antes la pata, pero que incluso, hasta en éste, la picaresca del dueño de lo ajeno ganó la partida.

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