La peregrinación diocesana de Menorca a Santiago ha significado una intensa experiencia de profundización cristiana en las raíces apostólicas de la fe que profesamos y una gozosa vivencia de fraternidad que nos sitúa en la ruta de espiritualidad que innumerables peregrinos de todo el orbe van siguiendo con esfuerzo e ilusión incomparables.
El eminente escritor agustino P. Félix García hacía esta aguda reflexión sobre el sentido de las rutas terrestres y marítimas que pueden tomarse como una configuración de la vida peregrinante: "Navegar es necesario ciertamente. Y peregrinar también. La vida tiene mucho de arte náutica y experiencia de romerías. Romeros y navegantes descifran la geografía y conocen el secreto de las estrellas, porque son los que para nortear con acierto por mar y por tierra saben mirar mejor el cielo, que es donde leen el rumbo y el destino; la religión y la cultura se hicieron peregrinando y navegando a golpe de remo y de bordón, con la mirada en alto y el signo de la cruz en los aires impacientes" (prólogo al libro "Caminando a Compostela" de Javier Martín Artajo).
A quienes vivimos en una isla nos puede impactar esta visión de las rutas jacobeas, tanto las que llegaban a la ciudad del Apóstol por largos recorridos terrestres como por vías marítimas. Tanto los navegantes como los caminantes, especialmente el siglos pasados, hacían un esfuerzo y demostraban un coraje que son un estímulo para quienes bajo otros aspectos hemos de recorrer también caminos no exentos de contradicciones y dificultades para mantener despierto el espíritu cristiano que debe configurar nuestra existencia.
Emprendimos el camino jacobeo, como es tradicional, desde la espléndida colegiata de Roncesvalles, donde con una gran variedad de lenguas todos los peregrinos recibimos una especial bendición y una garantía de la protección de la Virgen María tan venerada es ese santuario donde muchos peregrinos jacobeos hallaban acogida después de su dificultoso paso de los Pirineos.
Las catedrales de Pamplona y de Santo Domingo de la Calzada constituyen otras etapas del Camino de Santiago. Los ejemplos de personas que marcaron la ruta jacobea, como son el patrono de los ingenieros españoles santo Domingo de la Calzada y san Juan de Ortega, constructores de albergues, puentes y caminos, nos demuestran de qué manera estas y otras muchas personas sirvieron a los caminantes, siendo fieles a las palabras de Jesús: Fui peregrino y me hospedasteis (Mt 25, 35).
La catedral de Burgos, tan ligada a la memoria de sus promotores el rey san Fernando y el obispo don Mauricio, con los esplendores del gótico más refinado y original, constituye uno de los más impactantes testimonios de un cristianismo lleno de confianza en la bondad divina y arraigado sobre una firme esperanza en el triunfo del amor. Las dos altísimas cúpulas caracterizadas por la transparencia acristalada de sus cubiertas vienen a ser unas expresiones de esos ideales de la fe. La inscripción formada por grandes letras góticas en la fachada que dicen Pulcra et decora (bella y hermosa) hacen referencia en primer lugar a la que es su titular la Virgen María, pero también a la hermosura de esa obra de la arquitectura medieval.
También llama mucho la atención la luminosa policromía de las amplísimas vidrieras de la catedral de León que difunden una luz y unas imágenes llenas de mensajes de la fe en que se combinan el antiguo y el nuevo Testamento. Esta especie de "puzle» de cristales guarda aún no pocos secretos de su composición, que la técnica moderna no ha sido capaz de descifrar. Hemos de reconocer que en esta peregrinación hemos gozado de las explicaciones de unos guías muy bien preparados, respetuosos y dispuestos a satisfacer la curiosidad y los anhelos de los visitantes.
Nos llamó mucho la atención el encuentro con muy numerosos peregrinos que seguían a pie desde muy diversos países de Europa y de otras naciones del mundo. Su sacrificada experiencia y su ilusionado caminar nos dejaban muy admirados. La llegada a Santiago y nuestra participación en la misa del peregrino el miércoles 26 de mayo, presidida por nuestro señor Obispo de Menorca, fue el acto culminante de nuestro peregrinar, con el logro de la indulgencia jubilar y la doble contemplación del acto de la ofrenda del incienso con el famoso botafumeiro, así como el abrazo a la imagen de Santiago constituyeron para todos una experiencia imborrable.
En los días siguientes recorrimos las rías gallegas, altas y bajas, con visita a pueblos y ciudades muy características, con la subida al monte de Santa Tecla, desde el cual contemplamos el cauce del Miño y las tierras portuguesas, así como también resultó muy interesante la visita a la población de La Coruña, con su famosa torre de Hércules y unas preciosas iglesias románicas, situadas en el interior de esta ciudad, en la cual destacan las fachadas cubiertas de innumerables balcones acristalados que le prestan un encanto inigualable. ¡Hemos vivido ciertamente unos días de amable convivencia y de admirables experiencias que no podremos olvidar!