Los muchachos del paseo de la Miranda, se rindieron. Fue un escándalo. Ganaron los de la plaza de San Roque arropados por las calles adyacentes y reforzados por los chicos del cuartel de la Guardia Civil. Allí se encontraba una legión, de todas las edades. Provistos de un armamento de piedras, que las había a montones, especialmente aquel verano en que arreglaban la cuesta de la Abundancia. Un auténtico escándalo, el reloj de la Estación Naval no había marcado las siete de la mañana y ya se escuchaba sonar es corn. ¿Recuerdan el aviso que se hacía a través de la caracola, dando a conocer que muy pronto harían voladuras, berrobins.
Recuerdo que arreglaron s'excusat de la cuesta, se encontraba bajo la escalera que subía, frente a la Motorizada, conduciendo a la calle de santa Cecilia, BellaVista y por aquel entonces se finalizaba la construcción del monstruo, así la he venido llamando a la Residencia Sanitaria. Uno más de los muchos disparates con que cuenta nuestra ciudad. Siempre me pregunté, el porqué precisaban en el quirófano y salas de servicio, ventanales con vistas al mar . Se supone que un centro hospitalario, su mejor destino se debía emplazar en una zona discreta, tranquila, pero jamás en el árbol idóneo para recibir fuertes vendavales, a la vez que lugar residencial. Al llegar los primeros turistas al Hotel Port Mahón y observar aquella mole, creían que se trataba del museo histórico artístico de la ciudad Sí, sí, ara te l'encendré.
Volviendo a lo que íbamos, el arreglo de la cuesta de la Abundancia y sus voladuras. Hubo una mujer herida, me parece recordar que se llamaba Anita , vivía en San Nicolás, tenía un hijo que no era molt condret. Fue a tirar, como todas las mañanas, un cubo de agua sucia, decía el vecindario que llevaba tiempo echando los orines desde lo alto del mirador a la cuesta que en aquellos momentos se encontraba en obras. Sorda como un tronco, no escuchó el pitido producido por "es corn", y al asomar el cuerpo para tirar es sucs, voló una piedra de un buen tamaño y ya se pueden imaginar, lloros, sangre. Xiscu del Trocadero, bajó rápidamente coñac para la herida y los jornaleros, que estaban más asustados que la propia mujer, se vieron beneficiados. No hay mal que por bien no venga.
Todo el día hubo tema para debatir, que si era una vergüenza lo que hacía Anita, sus defensores alegaban que no disponía para pagar "as suquero".
Se hizo una colecta. Mi vecina na Guida de Ferreries, que se apiadaba de todos, y siendo tan pobre como era, siempre fue la primera que echaba su aportación en una olla, que servía para estos casos. Pasó de casa en casa, ignoro lo que se le debía entregar.
En aquella ocasión al igual que otras muchas, fue el doctor D. Agustín Doménech, quien llevó a cabo la primera cura, que una vez limpia y aplicarle el consabido yodo, se la acompañó hasta su casa y punto final.
Cabalgo sobre el mar ,mi embarcación una humilde lanceta, repleta de sucesos. Tiro ancla y fondeo la embarcación de los recuerdos, para escribir, algo más de mi querido doctor, que junto a doña María Llabrés ambos al cel sien, ayudaron a mi pobre madre que yo saliera de su escondrijo. Me encontraba tan a gusto, que por lo visto, me resistía asomarme a la vida, a buen seguro sabedora de cuanto iba a suceder. Siempre escuché, que fue el sereno, Morro, el que fue a buscar al doctor Doménech por petición de "sa doctota". Infinidad de veces me reprochó en tono burlón, que dormía com un "rabassot i sa va tenir que aixecar".
En estos momentos lamento, como otras tantas veces el no haber escrito más de lo que escribí. Entrevistar a personas a quienes me interesaba hacerlo, pero debido a mi trabajo, el ocuparme de mis padres ya muy mayores, cuidar a mi familia no daba más de sí. Uno de estos personajes, fue don Agustín Landino Berman, primo hermano del señor Doménech. Persona que gozaba de buena memoria, de carácter muy agradable, que con gusto me hubiera recibido y con mis apuntes sobre su familia, hoy podría ofrecerles uno de estos trabajos con los que tanto disfruto. Hoy mis lamentaciones ya no tienen remedio.
Según mis datos recopilados, me encuentro con Agustín Landino, nacido en Sericci (Génova) de profesión marinero, se casó en nuestra ciudad con Juana Vives. Ignoro cuantos hijos tuvieron, en mi archivo se encuentran: Francisco, (1822- 1888) y Agustín(1828- ¿?) Piloto. Casado con María Floris Parpal, hija de Miguel Floris de Ciutadella, marino, y su madre Marina Parpal de Mahón. Fue su primer domicilio en la calle del Carmen 15, pasando a la de Santa Catalina 8.
Es preciso dar un dato muy importante, esta tal Marina era nieta materna de José Parpal Papelcudi ( 1789- ¿?) cerrajero. Personaje que en tiempos de la infancia de mi padre, cuando se hablaba de un buen trabajo, se hacía saber lo había realizado Parpal Papelcudi.
El matrimonio Landino Vives y Floris Parpal tuvo tres hijos Martina, Miguel y Agustín. Precisamente éste casó con Julia Berman Nevado (1841-1960). Ignoro el número de hijos de este matrimonio, de lo que sí estoy segura es de que los padres de D. Agustín Landino Berman (1910- 1999) y su esposa doña Catalina Sturla Benejam que falleció un año antes que su esposo. Señora de grato recuerdo. Padres de Julia y Mª Antonia, al cel sia.
Miguel Landino Floris (1870-1953) casado con Práxedes Riera Camps. Tan solo me consta un hijo llamado como el abuelo Agustín (1860- 1926). Industrial y exportador de calzado. También tuvo una tienda en la Rampa de la Abundancia 13, de nuestra ciudad. Una de las publicidades de la prensa, decía así: "Se vende, el acreditado pimiento colorado, verdadera cáscara propio para embutidos a 1'25 kilo . El pimiento picante a 2'50.
Desposado con Catalina Gómez Mercadal ( 1864- 1934), propietaria de una tienda de moda en la calle Nueva, si mis datos no me fallan junto al Turronero, comercio actualmente dedicado a perfumería de cosmética natural. Siendo los que tuvieron más hijos y aún hoy todos conocemos a uno de sus nietos y biznietos. Su hija mayor fue Dª. Adela esposa del farmacéutico Gaspar Valls. Mercedes, con Carlos Tojar. Estanislao, con Lucía Sintes. Pilar con Benito Pérez y Miguel con María Soler.
Y a continuación la hija mayor de Landino Floris, Martina, nacida el 23 de febrero de 1867, falleció el 30 de enero de 1925. Vivían en Santa Catalina 22. Desposada con José Maria Doménech Puigjaner (catalán) ¿?. Falleció el 18-3-1928. Sobrestante de Obras Públicas. El matrimonio fueron padres de dos hijos José y Agustín, es doctor. (5 diciembre , 1904, falleció el 14 de febrero 1988 a los 84 años, casado con doña María del Carmen Aguiló Villamil, fallecida el 15-5-1985)
El señor Doménech, el mismo que me recetaba una bebida asquerosa para curarme la gripe, la de todos los años, se sentaba en la cama, repitiéndome siempre lo mismo: m'has de dir, conco. Lo apreciaba, pero siempre lo vi como un doctor, auscultándome, con aquel aparato tan frío que depositaba en el tórax a la vez que me decía,… respira "fondo". Era tal la confianza que tenía con Gori, amigos de pequeños, habían ocupado el mismo pupitre en La Salle y participado en reñidos partidos de damas, vecinos de toda una vida. Cuando entraba en mi alcoba, abría el cajón de la mesa de noche y entre cromos, lazos para las trenzas y mi pintalabios de coco, rebuscaba por si encontraba el estrecho tubito de acónico o bella dona. Sabía, que mi padre antes de llamarlo, me medicaba con homeopatía, para él mucho más eficaz de lo que me pudiera recetar Doménech. Se jubiló al cumplir los setenta años. Toda una vida dedicada a la medicina, entre los datos más importantes, el descubrimiento de la fiebre de Olmer o de la garrapata. Se lo escuché, infinidad de veces, finalizada la guerra española, uno de sus muchos pacientes daba la sensación de sufrir la peste bubónica. Antes los médicos pasaban consulta junto a otros facultativos y gracias a la aportación del doctor Aristoy, se dieron cuenta, de que efectivamente, era el mal de la garrapata. Enfermedad que entró en nuestra isla uno de los muchos moros que aquí se establecieron, una vez finalizada la contienda. He d'anar a munyir pero volveré con el amigo del alma, el señor Doménech.
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