Un vendedor ambulante griego llamado Kiriakos, de 69 años, lanzaba a principios del pasado mes de enero esta predicción: "No sabéis lo que os espera en España. ¡Por lo menos estáis avisados!". Estas inquietantes declaraciones se enmarcaban en un reportaje que la revista "XL Semanal" realizaba sobre cómo los helenos estaban viviendo la crisis económica. Los testimonios recogidos eran de este calibre: "Si no puedo vivir con dignidad, tendré que emigrar", "antes vivíamos muy bien. Teníamos sueños", "la corrupción de los políticos ha arraigado en la gente. Todos somos cómplices", "el Gobierno nos sorprende cada día con un impuesto nuevo", "trabajo catorce horas al día, pero me han quitado la paga extra", "el dinero prestado por Europa no llega a los ciudadanos"... y así página tras página. ¿Les resulta familiar? Ayer en la Isla hubo "caceroladas" y acciones de protesta por los recortes en dos de los pilares básicos del Estado del bienestar: la educación y la sanidad. Pero lo peor de todo es que nadie sabe decir a ciencia cierta cuándo acabará todo esto. Los griegos se preguntaban entonces: ¿Qué ha pasado? y ¿qué hemos hecho mal? Algo parecido nos ocurre ahora a nosotros. Kiriakos tenía razón. No sabíamos lo que nos esperaba.
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