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Sin flash

Rutas que se cruzan

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La iniciativa de organizar rutas turísticas está muy bien. Saber a donde podemos ir, con una guía que nos ilumine el camino y confiera algo de sentido a nuestros aleatorios pasos. Disfrutamos más de las cosas, cuanto más las entendemos.

No es lo mismo hacer la ruta talayótica o prehistórica (la forma de vida y el misterio de aquellos primeros pobladores que habitaron la isla), que la ruta gastronómica, la británica o la religiosa… Hay rutas muy variadas y cada una de ellas, nos puede llevar hasta lugares o sensaciones muy diferentes. Si te proponen una variedad de rutas, puedes escoger la que mejor se adapte a tus intereses o motivaciones. Descubrir algo por uno mismo, tiene su encanto, pero puedes perderte un montón de historias interesantes por el camino

Mirar, observar y ver, no significan exactamente lo mismo. Lo que ignoramos, condiciona nuestra mirada y percepción, como coser llevando puestos unos guantes de boxeo. Por el contrario, el conocimiento realza el valor de las cosas que contemplamos, las embellece, las distingue y nos ayuda a ponerlas en su sitio.

Las rutas suelen ser algo planificado, es decir, un ejercicio de la voluntad y la inteligencia. Excepto la ruta del bacalao. Hay infinidad de lugares dignos de visitar y compartir. Contar que hemos estado allí y lo que nos han aportado o enseñado. Los lugares y los hombres se enriquecen mutuamente. Una ruta literaria por Es Castell de Àngel Ruiz i Pablo, por ejemplo, nos transporta a otros tiempos y circunstancias, y nos sirve para saborear el presente con un mayor conocimiento de causa.

¿Alguien conoce la hoja de ruta que nos llevará al final de nuestras penalidades? Si no podemos alcanzar un objetivo de golpe, establecemos una serie de hitos que nos acercan y facilitan el camino. Imaginar la ruta de antemano, sin duda alguna, guía y endereza nuestros pasos en los momentos de mayor incertidumbre.

Junto al Ayuntamiento, hay una placa que dice: "Concepcionistes franciscanes. Vida contemplativa, fundació any 1623". ¡Caramba! El mismo año que Diego Velázquez se instaló en Madrid, y Urbano VIII sucedió a Gregorio XV como papa. Calderón de la Barca, estrenó ese año su primera comedia conocida: "Amor, honor y poder". El título es tan actual… y la comedia parece que sigue su curso…

Si elaboramos nuestra propia ruta vital, con los monumentos, lugares y momentos que destacaríamos de toda nuestra trayectoria, seguro que aprenderíamos mucho sobre nosotros mismos. Somos la expresión de diferentes rutas, que se cruzan y entrecruzan por un breve lapso de tiempo. Escuchemos a los que pueden enseñarnos.Llama la atención lo de la vida contemplativa. En estos tiempos de vida activa y frenética, es difícil entender lo que ha significado la contemplación, la vida retirada, el silencio, el trabajo y la oración, en conventos y monasterios. Pero descubrir otras formas de existencia, nos puede salvar de la monotonía, el desánimo y el egocentrismo de tanto pensamiento único. Si siempre hacemos las mismas rutas, acabamos por caer en la rutina.

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