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Delirio de amor

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El otro día oí esta expresión: «Un sidral de tres parells de nassos» No se puede traducir literalmente al castellano, porque no funciona. Les explico: «sidral», en catalán, es una palabra coloquial que hace referencia a una situación de mucho desorden, ruido y confusión. En castellano existe la palabra «cidral» que se refiere a un sitio poblado de "cidros" Un «cidro» es un árbol alto, de hojas lustrosas y flores encarnadas cuyo fruto es la «cidra», que produce un aceite de olor desagradable y se usa en medicina. Nada que ver con la «sidra», que es una bebida alcohólica que se obtiene por la fermentación del zumo de manzanas. Por otra parte tengan en mente que en castellano existe la expresión «de dos pares de narices» o «de narices» para referirse coloquialmente a algo muy grande, morrocotudo.

La frase estás metido en «un sidral de tres parells de nassos» se la oí decir el otro día a Eduard Márquez, un magnífico escritor, refiriéndose a una situación de lo más comprometida. Contaba un caso del psiquiatra francés Gaëtan Gatian de Clérambault según el cual una modista de 53 años decía que el rey Jorge V de Inglaterra estaba enamorado de ella. Decía que muchas personas importantes sabían de su amor compartido, incluido el presidente de los Estados Unidos. La modista viajaba asiduamente a Londres, consideraba a los turistas ingleses en París como emisarios suyos y una vez que vio moverse una cortina en el palacio de Buckingham lo interpretó como una señal de su amado rey.

Este trastorno obsesivo se llama erotomanía o «delirio de amor» y se asocia a menudo con el fenómeno de los «fans» (fanáticos) No es algo exclusivo de las mujeres; los hombres pueden presentar los mismos síntomas. El que padece este trastorno tiene la convicción de que la persona objeto de su obsesión le pasa mensajes ocultos a través de claves, gestos o interpretaciones de cualquier acto, y suele insistir en que fue la otra persona la primera que se enamoró.

Por supuesto que son muchísimos los famosos que han padecido un acoso similar al del rey Jorge V, sobre todo en estos días en que los medios de comunicación difunden la imagen de cantantes, actores de cine y demás. Debe de ser el precio de la fama, pero esto también podría pasarle a cualquier hijo de vecino, de modo que hay que tener mucho cuidado con lo que uno hace detrás de las cortinas: agazapado en la calle puede encontrarse cualquier amante no deseado o a lo mejor incluso el cobrador del frac, que suele ser así de persistente y obsesivo.

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