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Xerradetes de Trepucó

Mi mesa camilla

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En verano, la mesa camilla se cubre con un tapete de hilo blanco, tal cual los trajes de novia, aquellas que recuerdo iba a ver con algunas niñas ya mayores en edad de ser acompañadas en miras a un noviazgo. Antes, debía pasar el periodo de acompañamiento, sin derecho a roce. La cosa iba por etapas. Después vendría el darle la mano que se iniciaba con un involuntario roce, hasta que por fin el pretendiente pedía permiso a su futuro suegro para acompañarla hasta la puerta de la casa, hasta que por fin y como si uno no quiere la cosa, se llegaba a entrar y etc. No teman no voy a repetirme, ya sé que hace unos meses explique el protocolo del festejo, y no es mi deseo cansarles.

Pero sí decirles a los mas jóvenes, los que ignoran estas cosas de sus mayores, que en los años cincuenta del pasado siglo, no todas se casaron de blanco, la mayoría lo hizo con traje chaqueta estilo sastre o bien vestido de cuerpo entero en negro, tocado en lo alto del hombro con un ramito de azahar por supuesto artificial, elaborado por las hermanas Nieto que junto a su madre aprendieron un oficio artesanal que para poderlo llevar a cabo se precisaba de ser poseedoras de un exquisito gusto, saber a coser a la perfección y mucho arte, auténticas maestras diría yo. Hoy se da mucho valor a las creadoras, y nosotros los mahoneses deberíamos acordarnos alguna vez de nuestros mayores, que sin apenas estudios, sin salir de la isla, sin medios, feien virgueries. Apenas se disponían de figurines, procurando hojear la prensa para observar las nuevas tendencias.

Muchas veces he llegado a pensar el mérito de las Nieto. Lo suyo debía ser confeccionar sombreros y tocados diferentes, jamás se podía repetir Déu me n'alliberi. Sin olvidar las coronas o diademas de flores para las niñas de comunión.
Finalizar el tema que había empezado más arriba que como de costumbre me he desviado per un altre costat. Las novias de las que hablaba, solían lucir un velo llamado mantallina, pero no confundir por lo que todos conocemos por la clásica mantilla con peineta, que aquí no era costumbre. Sombreros de tela según la estación y ahí sí que se atrevían a que fuese blanco. Hasta ahí todo muy bien, lo que estaba claro que cada cual en su parcela, las clases sociales no aceptaban que por ejemplo la criada de la casa se desposara con un vestido largo como lo haría la hija de los señores, no esteia ben vist.

Más hete aquí, que el mundo es de las mujeres según escribió la gran escritora Mercedes Salisachs, por fin todas, me refiero a las mujeres, éramos iguales, claro que sí, y tenían el privilegio por un igual de llegar al templo con su vestido largo, hasta los pies, blanco, el soñado toda la vida. Así empezamos el relato de la pasada noche en que habíamos desvestido la mesa camilla de verano cambiándolo por el de paño en previsión de los días que se irán acercando, si bien luce el sol, mostrando los brazos que debemos cubrir con la rebeca, a la caída del sol, al caer la tarde, cuando el astro rey se esconde por poniente, finaliza la jornada con algo de frescor.

He de confesarles, mis queridos lectores, por algo venimos manteniendo esta amistad trabada, después de tantos años, convirtiéndola en complicidad haciendo en ocasiones que al escribir me da la sensación que lo hago para usted, o para ella o para aquella abuela que los lunes espera a tomar el café el primero de la mañana acunando el MENORCA «Es Diari», entre sus manos. Me encanta, gracias por hacerlo, que pueda leerme muchos más, me alegrara el saberlo. No pretendo discriminar a nadie, y menos al abuelo, con esto es más que suficiente para que se dé por enterado, el que cuantas veces me ve me ofrece su mejilla para que le deposite un beso y que tan gustosamente obsequio. Me encanta rozar mi mejilla sobre su piel curtida, me recuerda a otro l´avi que hace tiempo perdí de vista.

Antes de ir despidiéndome añadir, que si bien Praxedies al mediodía se sumergió en la fría agua des safreig, acompañándose con cantos celestiales, la misma noche, no tuvo reparo alguno en acompañarnos, sentándose en la mesa camilla, si bien ya no encendemos ni brasero de molinada, ni tan siquiera la pequeña piña comprada en casa Saura des Cami des Castell. Ahora la mesa camilla se ha convertido en mesa con tapete, haciendo caso de las instrucciones de lo peligrosas que pueden llegar a ser, de esta manera se evitan muchos disgustos y nuestras piernas no sufren de dibujos camperos. ¿Quién no recuerda es bous i ses vaques que llegaban a formarse?. Mejor una Jotul de Beltran Gama Industrial. De esta manera fuimos avivando el calor. El fuego ardía alegremente expulsando aromáticas humaredas de romero que por la tarde el hijo de l´amo Bep de Trepucó, había podado.

Agadet preparó buñuelos, auténticas delicias de patata, mullidos y esponjosos que junto a la miel de Menorca saben a gloria eterna, amén. Y continuamos pecando, por ventura que no voy a confesarme de lo contrario aumentaría mi artrosis de rodilla, pero añadí, unos panellets hechos por la cocinera de Trepucó. En la palangana los había de almendra, de sabor de fresa, chocolate, coco, piñones, una gama de deliciosos dulces difíciles de obviar, como dice l´avi Joan, total por una vez al año, a lo que le añade el filatero. ¡Hay Joan ¡ Tot s'any a hi ha coses!

margarita.caules@gmail.com

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