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De la democracia a la caquistocracia

| Oak Ridge (EEUU) |

Hace unos días en las tertulias del Ateneo de Mahón Antonio Casero habló de aquel Mayo de 1968 que tantas ilusiones creó en muchos de los que éramos jóvenes en aquel momento. Para mí fue un año muy importante y que viví intensamente. Me hubiera gustado poder asistir a la tertulia, pero me ha pillado lejos.

Después de unos años de estudiante en la Universidad de Barcelona en los que empujamos la creación del sindicato democrático de estudiantes y que veíamos un camino que se abría para salir de la dictadura, el Mayo del 68 fue como una culminación de estas ilusiones. A mí ya me cogió de profesor ayudante en la Universidad Complutense, pero allí estudiantes y profesores participamos en una serie de huelgas y manifestaciones apoyando esas ilusiones de democracia. Después poco a poco vino un cierto grado de decepción.

Curiosamente, cuando llegó la transición y se instauró una forma de gobierno que se denominó democracia. No vi que entonces entrara en la política a prácticamente ninguna de las personas que activamente participaron en todas las actividades políticas contra la dictadura y que yo viví. De pronto aparecieron muchos lideres democráticos que no se habían visto durante los años de lucha.

El 15 M en Madrid fue un cierto resurgimiento de los deseos e ilusiones de aquel otro mayo, pero ya no lo viví igualmente.

Hay que ser muy joven para desarrollar estos estados de ánimo.

Demasiadas desilusiones acumuladas para poder recobrar esa ilusión inocente que entonces teníamos.

Han ido pasando ya muchos mayos y con ellos se fueron aquellos ideales del la imaginación al poder. Al poder parece que solo va la corrupción y el dinero. Cada día tenemos más historias sórdidas de lo que han hecho quienes ostentan el poder. De los millones de euros de la ciudadanía derrochados y robados, a la vez que nos cuentan que las pensiones no son sostenibles.

Se ha llegado a un punto en que nos mienten con todo descaro.

Mentiras sin pies ni cabeza solo para seguir se manteniéndose en sus sillones. Estoy tentado a organizar un máster en como mentir para darles algunos conceptos básicos de como engañar a la gente. Son tan inútiles que ni mentir saben. Al menos que nos engañen con gracia y no nos tomen por idiotas totales.

Hace tiempo que la democracia se ha ido extinguiendo en muchos países. No es solo un problema de España. Pero esta destrucción de la democracia no ha sido por golpes de fuerza, por eliminación de las constituciones. Ha sido más bien por el ascenso a los gobiernos de los más mediocres de la sociedad y de gente sin escrúpulos. No es una degradación de las instituciones de gobierno, es una degradación de la clase política que nos gobierna. Una degradación de su nivel ético e intelectual.

Hace unos días en Estados Unidos se ha resucitado una palabra para describir esta situación de gobierno, la caquistocracia (de kakistos en griego peor). Esto es el gobierno de los peores.

Yo no sabía si transcribir aquí la palabra como cacastocracia o cacostocracia, ya que no estoy seguro si nos gobierna la caca o los cacos. Finalmente he mantenido la forma original.

Parece que la palabra fue introducida por Paul Gosnold en un sermón en 1644 dirigido a los miembros del Parlamento de Inglaterra alertando de las posibles malas consecuencias de la guerra civil que se vivía en aquel momento. El término fue usado por conservadores para describir posibles situaciones caóticas si gobernaban las izquierdas revolucionarias, pero ya desde el siglo pasado se ha aplicado a gobiernos corruptos.

Esta es la palabra que usó John Brennan, el exdirector de la CIA, para describir el gobierno de Trump y que desde entonces se se ha vuelto viral en los medios sociales. Yo creo que este concepto describe perfectamente la situación de los gobiernos de muchos países incluyendo el nuestro.

Por parte de nuestros políticos parece que solo hay ansiedad para seguir chupando de la teta del estado y los ciudadanos no importan.

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