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Con derecho a réplica

Volver loco al señor Google

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Madre mía otra movida nueva, o al menos otra etiqueta nueva para una movida que nos lleva comiendo el coco, la cartera y la salud desde hace unos años. Queridos lectores, con todos ustedes el capitalismo de vigilancia, no confundir con una versión sofisticada de reality de mierda como «Gran Hermano». Según cuenta la economista Soshana Zuboff, profesora de la Universidad de Harvard (la de verdad, no la de Casado) el capitalismo de vigilancia nos usa como materia prima, nos saca todos los datos posible, después hace proyecciones con nuestros datos y se los vende a empresas que nos roban el dinerito y el alma, y todo ello con nuestra colaboración servil y adictiva. Toma y toma con el charco en el que nos hemos metido, y nosotros tan felices cazando Pokémons, o colgando chorraditas en Facebook.

Pues hasta aquí hemos llegado, igual que los luditas ingleses, allá por el siglo XIX, quemaban los telares industriales y las máquinas de hilar, porque dejaban sin trabajo a miles de artesanos, e intuyeron que la Revolución Industrial traería beneficios para los empresarios explotadores de la época, y al mismo tiempo mucha miseria para trabajadores reventados a currar en fábricas inmundas y en condiciones de casi esclavitud, nosotros volveremos loco al señor Google haciendo búsquedas que harán imposible que dibuje un perfil definido de nuestra personalidad. Esa imposibilidad hará que el sistema entre en bucle, se recalentará como el planeta y se autodestruirá al estilo de las gafas del protagonista de «Misión imposible».

Pondremos en el buscador como viajar barato por el mundo, e inmediatamente después como sobrevivir sin salir de nuestra habitación. No sabrá si mandarnos publicidad de vuelos, o el kit del perfecto ermitaño. Pondremos también como convertirse en un gran lector, y como afiliarse a los nuevos partido xenófobos, misóginos, homófobos y autoritarios. No sabrá sin mandarnos información sobre bibliotecas de barrio, o una bandera muy grande que lo tape todo. Teclearemos «¿cómo hacerse rico a toda costa?», búsqueda que debieron hacer Urdangarin y Rato, e inmediatamente después «¿cómo acabar con la pobreza en el mundo?». Google no sabrá si enviarnos enlaces para comprar acciones de fondos buitres y contactos con diferentes mafias, o las hojas de inscripción a alguna ONG.

Escribiremos «donde comprar un traje de torero» y «como afiliarnos al Pacma». Se hará un lío monumental, no sabrá si colocarnos un banner con el abono a la plaza de las Ventas y un permiso de caza, o correos spam con unos campamentos veganos donde conectaremos con la Pachamama. Podemos teclear «viviendas baratas en Eivissa» y... bueno, aquí nada más, solo con esa búsqueda imposible le explotarán todos los servidores, a eso le llaman morir de éxito. También hay que decir que si buscamos «¿por qué Menorca conserva la etiqueta de «Reserva de la Biosfera»?» fijo que nos salen miles de emoticonos de esos que lloran de la risa, y después un mensaje en verde fosforito que pestañea: «I have no idea», pero ni puñetera idea vamos.

Le podemos pedir como conseguir la paz en el mundo y al mismo tiempo como fabricar un pistola casera con la impresora 3D. No sabrá sin enviarnos imágenes de Gandhi por poner un ejemplo, o imágenes de Trump, por poner otro. Si los 4.833 millones de usuarios de Internet le hacemos la jugada, el señor Google se irá directo al frenopático y aquí paz y después gloria. Y lo mejor de todo es que lo podemos hacerlo desde casa y con una cerveza. Feliz jueves.

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