Los acontecimientos que nos influyen están evolucionando a tanta velocidad, que sin darnos cuenta nos estamos convirtiendo en visionarios antes de que sucedan. Que fuera mascarillas porque el virus está arrinconado y lo hacemos sabiendo que no es cierto, que el Ministro-a de turno nos dice que se van a aplicar unas bonificaciones sabemos que en quince días lo que va a ocurrir es que los precios suban. Yo antes de ponerme a ver los telediarios saco mi bola de cristal que tengo envuelta en paño negro, como debe ser según dicen los expertos en practicas adivinatorias y a la luz de una vela hago montones de preguntas sobre montones de temas y créanme si les digo que la mayoría de las veces la bola acierta más que la caja tonta, por la sencilla razón de que ella no se anda con rodeos, poses ni ganas de fardar y sobre todo no es nada partidista. Ahora toca preocuparse por esa llamada viruela del mono que nos llega para competir con todo lo demás. Siempre he pensado que el ser humano da tres pasos hacia adelante pero diez hacia atrás y en ese retroceso, casi sin darnos cuenta y como nos descuidemos llegaremos a tutearnos con el mono, nada extraño porque descendemos de él. Escribo esto en día nublado y ventoso. No hagan caso de todo lo que digo al cien por cien ya que es posible que mi bola esté sufriendo alguna interferencia, pero quédense al menos con la mitad.
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