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Asseguts a sa vorera

De tiempo y algoritmos

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¿Te imaginas que enfocásemos toda la energía que utilizamos para complicarnos la vida en hacérnosla más fácil? Quiero decir… Que viésemos el vaso medio lleno en lugar de medio vacío, que poco de algo nos pareciese infinitamente mucho más que nada de lo mismo, o que mirásemos los problemas con la suficiente perspectiva como para darnos cuenta de que todo es más fácil de solucionar de lo que parece…

Te propongo un juego. Intenta imaginarte el tiempo que usas en preocuparte, en darle vueltas a un problema en lugar de atajarlo, o en buscar excusas en lugar de encontrar u ofrecer soluciones. ¿Te das cuenta del tiempo que perdemos en cosas triviales? En el colegio nos enseñan a hacer logaritmos neperianos, por ejemplo, que difícilmente nos servirán para algo en nuestra vida, y nadie nos explica que lo más valioso que tenemos es la salud y el tiempo. Por ello, quizás, deberían enseñarnos a gestionarlo de la forma más eficiente para no malgastarlo ni derrocharlo porque eso no se recupera.

De un tiempo a esta parte nos hemos complicado la existencia de una forma soberanamente inútil dejando, en muchos casos, que nuestra vida la guíe un algoritmo que es una forma matemática que regula el contenido de todas las aplicaciones de los teléfonos en los que dilapidamos tanto tiempo. Que Amazon, por ejemplo, sepa antes que tú que necesitas unas zapatillas o un pijama, no es brujería, es el análisis detallado de la información que le has regalado a tu cacharro en horas infinitas de navegación aleatoria.

Puede que lo que te voy a decir ahora no lo entendamos, pero dentro de un tiempo se limitará el rato de uso de los aparatos o la tendencia será que los jóvenes no despilfarren tanto tiempo con los teléfonos y disfruten más de lo que les rodea. No solo cambiarán los hábitos sino también las prioridades y con ello las consecuencias de lo que hacemos.

A los más maduros del lugar, ¿os acordáis cuando no teníamos internet en el teléfono? ¿O, de cuando no teníamos teléfono? No pasaba nada y éramos felices. Ahora somos una especie de esclavos de «lo que pueda pasar», tenemos que cargar con el aparato «por si pasase algo» y casi nunca pasa nada. Y entre medias, malgastamos nuestros minutos y nuestras horas matando el tiempo. Y el tiempo no muere, solo pasa, los que morimos somos nosotros.

Ojalá nos diésemos cuenta de esto, aunque ello significase que no estuvieses leyendo estas líneas y disfrutando de aquello que te rodea.

dgelabertpetrus@gmail.com

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