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Con derecho a réplica

Gracias por la libertad

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¿Cómo están queridos lectores? Hoy vamos a empezar a bocajarro para quitarnos este tema lo antes posible:      Uno, si un tipo grita «Seig Heil», llama «puta» a una alcaldesa, y dirige un grupo violento cuyos miembros se manifiestan con eslóganes hitlerianos y tatuajes de Rudolph Hess, es un puñetero nazi lo mires por donde lo mires. Y da igual que los medios de comunicación al servicio de la populista ultraderecha -que son más del 90 por ciento- intenten blanquearlo diciendo que el tipejo tiene dos carreras, un nazi es una nazi con carrera o sin carrera. Hay que distinguir de una vez por todas entre seres humanos y nazis. Dos, la okupación no es un problema, las cifras son ridículas. El problema son los desahucios y el precio de la vivienda. Este es un claro ejemplo de que el relato vence al dato, alentado por periodistas sin escrúpulos que plagian novelas y viven de las subvenciones de los gobiernos que dirigen sus amiguitos «machos fachos». Había que decirlo porque es tan verdad como que el tofu sabe a corcho.

Ahora, para no hacernos mala sangre y dejar que sean los trolls los que escupan bilis, vamos a seguir un estricto programa de deconstrucción vital para convertirnos en humanos felices, que acariciarán unicornios en verdes prados con arcoíris, mientras conectamos con la Pachamama y le decimos al universo que si nos da limones nos hacemos limonada, o algo así.

Empezaremos nuestro day routine levantándonos a las cinco de la madrugada para ser más productivos. Nos iremos a correr una hora con la equipación completa de Decathlon incluido el smartwatch que nos mide pulsaciones, nivel de glucosa y porcentaje de metano que expulsamos con cada pedo. Después una ducha con aceites esenciales con toques cítricos que active nuestros chacras para empezar la alienación cósmica. Tras la ducha haremos mindfulness para reponer conexiones neuronales y controlar la respiración, así no infartaremos cuando paguemos el próximo ticket de la compra.

A continuación el desayuno. Comeremos unas rebanadas de pan de espelta con cuidado de no partirnos una muela, las untaremos con aguacate importado por los carteles de la droga mexicanos, para que yo me sienta muy eco y muy sano, y unas semillas de chía que son ricas en antioxidante y nosotros ya estamos un poquito herrumbrosos. Y para beber infusión de jengibre petada de prebióticos y probióticos.

Seguidamente haremos un listado de agradecimientos, los apuntaremos en una libreta de buenos propósitos hecha con papel reciclado: Gracias por los amigos y la familia, si comparten la cerveza. Gracias por la luz del sol, pero que llueva que está muy jodido lo de la sequía. Gracias por la Libertad, pero la de verdad no la de los neoliberales que es una mierda. Gracias por las sonrisas, y por la higiene bucal que si no… Gracias por que aún puedo hacer frases subordinadas y atarme los cordones solo, y eso que ya le he dado la vuelta al jamón de la vida. Gracias porque el paso del tiempo no me haya hecho más intolerante, más casposo, más de derechas.

Después nos vestimos con un look casual pero muy estudiado, arrancamos nuestro coche eléctrico y nos dirigimos a la oficina de la startup dispuestos a comernos el mundo y a cobrar en visibilidad.

Cerramos. Si ven a algún lelo, en su coche eléctrico, yendo a trabajar un lunes a las siete de la mañana con un brillo desconcertante en los ojos y una sonrisa de oreja a oreja, llamen urgentemente a salud mental porque algo chungo se está cociendo. Lúpulo y feliz jueves.

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