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Te diré cosa

Plegaria (con morcilla)

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AEspaña le pasa algo (yo diría que malo). No sé si será de puro ir como una moto, o como un tiro (quién sabe si en la nuca o en el pie), o de tanta tontería que venimos asimilando ovinamente desde hace ya demasiado tiempo, pero el caso es que a España le pasa algo grave. Es por eso que, en mi afán de ayudar a nuestro querido país he compuesto humildemente una plegaria, en formato salmo, para ser recitada por el personal antes de la siesta:

Amantísima Yolanda, tú que vas en tren y lo explicas con la sencillez con la que se habla a los niños: «voy en tren»; tú que planchas, que predicas bondades y repartes regalos, no de tu bolsillo, entendámonos, pero regalos bonitos en todo caso (de esos que no se pueden rechazar). Tu que hiciste un proceso de escucha tan rompedor, tú que fuiste colocada a dedo (en este asunto sí supiste escuchar bien, digamos), tú que nos libraste de la creadora del «todos y todes» (provisionalmente oye; yo que tú estaría al loro de lo que pueda pasar en el futuro. Hazte mirar también lo del ex coletas, que tiene mala leche, rencor y medios). Amantísima Yolanda (todos a coro): que te den morcilla.

Sacrosanto Feijóooh!, tú que duermes en los laureles y te despiertas en bragas. Tú que te lías en cada manifiesto, tú que huyes de los debates y parece ser que la cagas por ello con la misma eficacia como si hubieras acudido. Tú que te mueves sin rumbo y llegarás por tanto a ninguna parte. Amado líder, todos a coro: que te den morcilla.

Honorable Puigdemont, carismático lanzador de piedras con posterior mutis por el foro dejando con dicha estratégica operación colegas comiéndose marrón del bueno mientras tú masticas mediocres mejillones en grises latitudes. Tú que no comprarías un coche de segunda mano a Pedro Pinocho porque incumple su palabra, tú que con gran probabilidad incumplirás la tuya inmediatamente (como sin duda ya has hecho en anteriores ocasiones). A tí querido Carles (coro): que te den morcilla.

Orondo (aunque atlético) Rufián. Tú que ibas a abandonar enseguida el dolce far niente politiqués, pero que luego has comprendido que la pasta que ingieres cada mes bien merece continuar nutriendo tu cuenta a cambio de hacer un poco el paripé. A ti, sobrado parlanchín… (todos a coro en modo soprano): que te den morcilla.

Adorado Pedro, tú, mago del incumplimiento, encantador de crédulos, viajero incansable (incluso a países que no dejan de tocar las pelotas al tuyo propio), tú que consigues que tantas personas sensatas comulguen con ruedas de molino (el síndrome de Estocolmo no perdona), tú flautista, tú ser superior... todos a coro en estilo gregoriano: que te den morcilla.

Nobles Oteguis que vendéis vuestro voto investidor y aprobador de presupuestos a cambio de beneficios para vuestros soldados presos que segaron vidas de inocentes pero que no pasa nada. Desde las profundidades de nuestra alma pecadora, a coro y en vibrante trino: que os den morcilla.

Excelsos detentores de dulces fueros que barréis para casa cada migaja de debilidad que afecte al presidente de turno y que os corteja por necesidad (a vosotros no os suelen dar gato por liebre, pues no sois tontos), pneuvistas, que no os falte nuestra briosa plegaria: que os den morcilla.

A Santiago y cierra España, viril pecho lobo que lo tiene todo tan claro que no dudaría en contratar al Cid Campeador si con ello ayudara a mantener las esencias patrias y la fe cristiana. A vos, sólido pilar de la patria… que os den morcilla.

Se me quedan algunos amados líderes de menor punch en el tintero, pero es que empiezo a aburrirme de tanto rezo y se acaban las morcillas.

Es posible que nos convoquen de nuevo a las urnas (aunque el listo es muy listo, a veces muchos idiotas hacen el correoso contrapeso suficiente). En tal caso yo votaré como hago siempre (desde que caí del caballo): una tarjeta que llevo escrita de casa con la leyenda «vale por una morcilla (quizás) de Burgos».

La opción B es pensar que se la están pegando a los demás, pero que tu amado líder no es como ellos, tus impuestos van a sanidad y carreteras y los extraterrestres son necesariamente buena gente.

Vale.

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