Se lo digo muy en serio, sea usted feo o guapo siempre saldrá ganando si se los guarda para usted. Porque ya estamos viendo que las muestras de cariño pueden llegar a ser muy peligrosas según sean interpretadas. Ahora que todos los medios de comunicación y las cadenas especializadas en estos temas nos han estado bombardeando día y noche sobre el «pico» de Rubiales a la jugadora de la Selección Nacional, hasta el punto de hacernos olvidar de los principales problemas de nuestro país, ya va siendo hora de que nos andemos con pies de plomo. Yo francamente sentiría que se perdiera esa maravillosa costumbre del piropo, nacido con las mejores estrofas y lanzadas desde lo alto de los andamios, siempre y cuando el piropo sea bonito, respetuoso y alejado de lo soez e irrespetuoso, ese arte que toda mujer siempre ha aceptado con la mejor de las sonrisas, porque si castigamos y prohibimos lo bello, podemos ir despidiéndonos de nuestros poetas como Bécquer y de sus rimas, desde los más clásicos hasta los más modernos. Porque el beso es tan antiguo como sagrado y hasta traicionero. El primero se lo dio Judas a Jesús en el huerto de los Olivos de Getsemaní cuando lo entregó al Sanedrín a cambio de treinta monedas y a partir de entonces se han estado dando y recibiendo a troche y moche tanto placenteros como por compromiso hasta hoy con la llegada de esa inquisición casera que como la medieval, juzgaba y condenaba más por las apariencias que por las verdaderas razones que solo los implicados conocían.
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