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Asseguts a sa vorera

Millones de razones

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No sé, no quiero que nadie se enfade, ni que nadie se lo tome como algo personal, pero a mí me parece que lo de perdonar una deuda de 15.000.000.000 de euros, así como así, es un poco feo. O sea, muy bien por los que la tenían y ya no la tienen, han jugado de lujo sus cartas, pero para el resto, para los tontos de capirote que cumplimos con nuestras obligaciones fiscales a rajatabla por la convicción de que el Estado necesita de nuestro compromiso como ciudadanos por el bien común, puede que nos sentamos engañados. Una vez más.

Tejemanejes de este calibre hacen que no me sepa mal faltarle el respeto al imbécil que ha negociado semejante opción por el interés propio. No lo ha hecho por el País, no te equivoques, sino porque así se amarra a un sillón para el que, si hiciese falta, vendería a su padre o a su madre. Lo de que no tiene escrúpulos, ya parecía más que claro con aquello de repetir cinco veces lo de que no pactaría con los asesinos de Bildu, ahora lo que se está negociando es el precio de sus escrúpulos.

Hay que aplaudirle, no queda más remedio. Si su intención era la de convertirse en el presidente de España más odiado, lo está consiguiendo con un mérito pasmoso. Porque dejando a un lado las simpatías políticas, que tú perdones una deuda de semejante tamaño significa, a la vez, una condena para los otros, los que sí han cumplido. ¿Sabes? Si te soy sincero, a mí no me gustaría que me perdonasen mi deuda fiscal como ciudadano o mi obligación económica para con el Estado, no quiero beneficiarme de nada que pueda perjudicar al conjunto del país o al prójimo.

Resulta increíble que exista una impunidad semejante, que no haya nadie que, por encima de siglas políticas tenga los escrúpulos necesarios para decirle: «Escucha, genio, esto que estás haciendo no está bien». Pero no va a pasar, en Tontolandia todos los tontos saben cuándo tienen que aplaudir, cuándo tienen que callar y cuándo no tienen que pensar. Ni que sentir.

Creo que ahora, lo suyo, por mantener el nivel presidencial, sería que instigase una especie de venganza que detuviera, condenara y encarcelara a todos los elementos y cuerpos de seguridad del Estado que detuvieron o han detenido a algún etarra. Que todo aquel o aquella que haya atentado contra la libre impunidad que tiene un etarra, un terrorista para asesinar por puro placer a aquel que no piensa igual, sufra una condena ejemplar. En un estado de derecho no se puede tolerar que un policía detenga a un asesino.

Tengo 15 millones de razones para odiarte, presidente, un odio que no es visceral, que es racional. Un odio meditado en cada una de tus decisiones que te deja como un miserable cobarde. No es un odio salvaje, es una repugnancia personal hacia tu persona. No te deseo lo peor, porque tú eres lo peor.

dgelabertpetrus@gmail.com

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