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La columna

Crispación

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Actualmente asistimos asombrados a los debates del Congreso, Senado y Cámaras Autonómicas, donde no se deja hablar al representante del equipo contrario, haciendo un simil futbolístico, porque más bien parece que estemos asistiendo a un partido de fútbol, que no hablando sobre cómo mejorar las condiciones del país y por ende del pueblo, estoy hablando de nosotros, que al fin y al cabo deberíamos ser los sujetos y no los paganos.

Si me permiten hacer un poco del cuándo y cómo empezó todo, diría que la primera vez fue cuando el sr. Borrell se presentó para presidente del Gobierno de España, ahí los lobos empezaron a aullar para atrapar a una presa que desgraciadamente resultó demasiado fácil y de ahí nació la costumbre de no dejar hablar al contrario.

Cuando los argumentos no tienen réplica, se valen de los aullidos o peleas callejeras dignas de cualquier pandillero, nadie diría que han ido ustedes a colegios de pago, ni universidades privadas, ¿qué han aprendido durante todos estos años? A seguir intimidando, avasallando y por último recurrir a los insultos…

Aun recuerdo mi visita al antiguo Senado, invitada por uno de los políticos más capacitados e inteligentes que ha dado Menorca en nuestra corta historia democrática, el sr. Tirso Pons, para mi fue todo un honor asistir a un debate en la Cámara Baja, dio la casualidad que había dos ministros aquel día, de ellos no recuerdo su nombre, pero de Tirso me acuerdo perfectamente, no le tenía miedo al debate in situ, viniera de donde viniera. Para unos era un extremista, de eso nada, defendía los intereses del pueblo de Menorca con sabiduría y buen hacer, para mi, un ejemplo a seguir. Aquel día se hablaba de la red de ferrocarriles en España y era un tema más interesante de lo que parece, había que decidir el trazado. Naturalmente me quedé hasta el final de la sesión, daba gusto oírles hablar, con diferencias de opinión, pero ante todo con educación y respeto al interlocutor. También me invitó en un receso al bar de la antigua Cámara, cargado de historia y al final de la sesión coincidimos en la salida y muy amablemente me dijo que iba a reunirse con los diputados de su grupo parlamentario para hacer política en mayúsculas, ahí nos despedimos amablemente y yo dándole las gracias por la oportunidad histórica para mi en aquellos tiempos, nada menos que asistir a un debate del Senado.

¿Y ahora qué?, ¿dónde ha quedado la educación y el respeto?

Yo realmente siento vergüenza, ¿y ustedes?

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