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Te diré cosa

Sufro mucho

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No sé ustedes amables lectores. Lo que vengo siendo yo, sufro bastante. Hay tanto prohombre de reconocido prestigio velando por nuestra felicidad a cambio de prácticamente nada, que cada poco rato cristaliza una lagrimita entre los pliegues acumulados (estalactitas) de carne de canelo contribuyente fiscal (encantado; eso sí, de haberme conocido y virgencita que me quede como estoy).

Ábalos es    sin duda uno de esos grandes hombres. Dice el pobre diablo que nos ha entregado cuarenta años de su vida; esa miserable vida de samurai luchando por el pueblo (quizás incluso calificable        -el pueblo, digo- de tontolaba en ciertos momentos relevantes, pero eso es otro cantar). Hay veces no obstante que la expresión de arrobo místico se me desfigura un poco porque se me ocurre pensar (mísero de mí) si no será más bien que yo mismo y millones de primos como yo somos quienes le hemos entregado cuarenta años de nuestra productividad para que él y tantos como él vivan una vida perfumada de centollos, almejas y percebes. Tiene sentido.

Llora la criatura porque no tiene coche oficial ni secretaria. Dios se apiade de su alma noble. Que le salve Salvador (el sanitario islero con bata) Yo tampoco tengo secretaria, y de hecho -válgame dios- dudo mucho que mi mítica furgoneta amarilla consiga esta vez pasar la ITV (es viejecita). Ese macho alfa con problemas a la hora de rasurarse (¿piel seca?, ¿jeta de mármol?) ya advirtió un día que a él no le echaba ni cristo, que con lo que costaba llegar a ministro no iba a dejar que alguna chuminada con aeropuerto y maletas traviesas cargadas de misterio del bueno le movieran la silla. También Zaplana dijo en su día que había entrado en política para forrarse. Qué salero tienen. Eso no se lo vamos a negar.

Y Rodrigo Rato. Con esa pinta de incorruptible caballero incapaz de tener pensamiento ni deseo impuro (a excepción de la natural rijosidad que la edad y las tarjetas negras parecen agravar). Y Mariano/ sé/ fuerte/ Luis. Qué tipo campechano para mesa camilla sin mancha de grasa y toque de naftalina. Guerra y su travieso hermano, las puertas giratorias de González, Aznar, Zapatero… Todos ellos entregando su vida y afanes a una causa que tantos desvelos les produjeron entre cana al aire, rodaballo y digo Diego. No menciono a Zeus por no herir sus sentimientos. Juega en otra liga y no deja de meter goles, de cabeza, de tacón, con la mano, y sabe dios con qué otros órganos, mientras una legión de cantamañanas le dan por muerto cada día.

Me pregunto cuánto se habrán reído de nosotros (inclúyete) en esa marisquería de confianza que posiblemente compartan (en diversos turnos) con sus parientes pobres comegambas sindicados.

El caso señorías (no se me vaya a olvidar) es que quería hacerles una humilde súplica. Ya no soy un chiquillo. Habéis tenido tiempo de sobra de pitorrearos de mí a conciencia. Hago una llamada a lo que os sobra de mezquindad:

Se trataría, amados líderes, que dejarais de usar nuestro dinero para vuestros asuntos (también se llama «robar», pero suena algo áspero y la idea no es ahora irritaros, sino conmoveros). Ya imagino el gustirrinín que debe dar vivir con el dinero que extraes del bolsillo de un pringado pero existe también la posibilidad científicamente contrastada de que generéis vuestros propios ingresos haciendo algo útil. Montad una papelería, un ginmnasio, un hotel, un huerto, conducid un taxi. Fabricad queso, prostituiros si os hace ilusión, pero dejad por un rato de chuparnos la sangre, por caridad.

Es parecido en algo al folleteo. Aporta más valor añadido cuando estás enamorado que el coito de puticlub. También ganar tu sustento a base de producir bienes que otros aprecian puede dar más satisfacción de lo que imagina el típico gorrón que no ha hecho nada útil en su vida, al margen de parasitar a destajo.

Resumiendo, que ya me alargo demasiado: dadnos un respiro, capullos, que nos tenéis exprimidos como limones. Y si no podéis dejar de robarnos, no se lo regaléis todo a una aerolínea, mejor que vaya algo al Mateu Orfila, por si acabáis enfermando y necesitáis un médico de urgencia olvidadizo.

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