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Deshumanizados

¿Hacia dónde caminamos?

| Menorca |

El pasado martes invité a algunas personas a un encuentro en casa, todas ellas de muy diversas creencias y de diferentes países… éramos diez y el debate se desarrolló, cómo no, al rededor de lo que está ocurriendo en el mundo.

Después de hablar, de manera muy ordenada y cada una desarrollando sus teorías sobre ello, durante más de una hora llegamos a la conclusión de que el verdadero problema radica en la deshumanización de nuestras vidas.

Diréis ¡pues vaya descubrimiento!, pero escribo este artículo porque, refiriéndonos a esa conclusión, aparecieron en mi cabeza cantidad de situaciones donde he podido asistir a esa «deshumanización» sin que ellas, las dichas situaciones, hayan provocado ni una guerra ni un genocidio… pero yendo más adentro del pensar creo que si esas ‘pequeñas’ situaciones se colectivizan y se extreman, podrían llegar a provocar un conflicto bélico.

Me explico… ¿Cuántas veces hemos oído una discusión entre dos conductores por simplemente un acto no peligroso?

¿Quién ha visto que un listillo se cuela en el mercado?

¿Por qué cuando nos cruzamos con alguien no decimos ‘bon dia’?

¿Cómo soportamos estoicamente que el de al lado hable por teléfono tan alto que participamos, sin quererlo, de su conversación?

¿Por qué nos enfadamos si hay algo que no nos conviene en vez de analizar y esperar a encontrar solución?

Y así mil ejemplos, hasta llegar, en escalada rápida, a los conflictos que hoy tenemos en el mundo… porque de esos pequeños gestos de intolerancia, nerviosismo, rabia o lo que sea se llega a los extremos que hoy muestran nuestro presente.

El Pontífice actual, el papa Prevost, ha endurecido su discurso ante lo que dejamos que ocurra en Gaza, insistiendo en este concepto realista de la deshumanización y que son los grupos raciales, religiosos o nacionales los que están logrando que estemos indiferentes ante tamaño abuso de los ‘poderosos’.

Porque sí, amigas, hemos girado la cara para no ver, para no oír, para ‘protegernos’ de tantísimo dolor infringido a tantos y tantos millones de seres humanos.

Yo siempre hablo de Afganistán, ya que pertenezco a una asociación que intenta paliar tanta injusticia y tantísimo dolor en mujeres, hombres y infancia que lo sufren… pero el dolor y la impotencia se han incrustado en muchas generaciones por todo el planeta.

No podemos seguir alimentando ese sentimiento de odio, de supremacía de raza, de intolerancia… no debemos alimentar sentimientos tan opuestos al humanismo, a la tolerancia, la comprensión e incluso la piedad.

No es tan difícil si tenemos principios y valores que apoyan una actitud justa y generosa para con los demás.

Deberíamos ser capaces de valorar la dignidad de cada persona, el valor de la vida y hacerlo acercándonos a la razón, la ética, y por qué no la ciencia… son guías que nos acercarían a ese humanismo tan necesario.

El humanismo no es solo «una manera de actuar» sino que es una corriente filosófica que enfatiza la dignidad y el valor de la vida humana, y promueve la razón, la ciencia, la ética y la compasión como guías para ese humanismo tan alejado de nuestra sociedad.

Pero el humanismo no solo debe ser una corriente filosófica, sino que debería ser una actitud natural en el ser humano, estar presente en nuestra formación, en nuestro diario comportamiento.

No hace falta ir a ‘salvar’ al mundo… muy cerca de nosotros, estoy segura, tenemos personas con las que poder ejercer esta humanidad, este comportamiento.

Al ser empáticas hacia los demás reduciremos sus pesares, su posible sufrimiento y seremos más justas.

En ese encuentro del que hablaba al principio de mi artículo, una gran amiga nos cultivó con sus palabras, que os transcribo ahora;

«Parece que nada ha cambiado bajo el sol de Zeus desde el principio de los tiempos. El ser humano ha cambiado de ropa y ha progresado en todos los frentes excepto en uno: sigue siendo exactamente el mismo personaje miserable y grandilocuente, ya sea con un casco en la llanura de Troya o utilizando la IA en el mundo de 2025.

Debido a todos nuestros avances en todos los campos, excepto en el ser humano, ahora estamos más en peligro que nunca. La transformación se ha convertido en una necesidad si queremos gestionar con éxito los increíbles avances de nuestro tiempo. Necesitamos responsabilidad, integridad, reflexión y cuidado para que se conviertan en algo tan automático como lo han sido la fuerza, la manipulación y la inconsciencia.

A Albert Einstein se le atribuye la idea de que no podemos resolver problemas utilizando el mismo nivel de pensamiento que los creó».

Quizás deberíamos replantearnos esa idea.

Sabias palabras que dejo aquí para, quienes me leéis, reflexionéis sobre cómo actuáis vosotras en el día a día.

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