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Asesinar al mensajero

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Han asesinado a seis periodistas palestinos: Anas Al-Sharif, Mohammad Qureiqi, Momen Elaiwah, Mohammad Nofal, Ibrahim Daher, Mohammad al-Khalidi. Son crímenes de guerra, perseguidos por los convenios de Ginebra ante la Corte Penal Internacional. Los estados no hacen nada. España no hace nada. Europa no hace nada. Violaciones del Derecho Internacional Humanitario vuelan por los aires como el pueblo palestino. Siento una vergüenza sin medida. De estar aquí, tranquilamente en mi casa, escribiendo mientras no tan lejos están exterminando a la población de Gaza. ¿Democracia? No me cuenten cuentos. Ya no puedo creer en nada.

El asesinato de Anas Al Sharif, como el de sus compañeros de Al Jazeera, como los de los cientos de periodistas que han sido vilmente callados por ejercer el derecho de dar información en el lugar de tinieblas, es un puñetazo al incuestionable derecho a la información que todo estado democrático debe cuidar.

Salimos a las calles cientos, miles de personas que aún confiamos en que nuestros gritos de denuncia pueden hacer algo, sin embargo, la crueldad que se está viviendo en Palestina, la matanza de los inocentes perpetrada por un gobierno sin piedad, ponen en entredicho que les importamos menos que 0. Hoy son los pobres palestinos, mañana podremos ser nosotros. La maquinaria del colonialismo ya mostró sus colmillos siglos atrás. Hoy la diferencia es que se retransmite casi en directo. Por eso han asesinado a los periodistas, porque ponen el foco donde solo se quiere oscuridad. No tener luz es impunidad. Estamos asistiendo a uno de los peores escenarios que podríamos imaginar, y más allá de vociferar nuestro grito, nuestro no, nuestra reclamación del cumplimiento de las normas del Derecho Internacional Humanitario. ¿Estamos ya en el colapso?

2 Un mundo de contrastes, un carboncillo, un aguafuerte que ha superado a Goya. Las redes sociales como pasarela de exhibición del feliz verano, de lo bien que nos lo estamos pasando, de la cara bonita de a vivir que son dos días –con permiso de Javier del Pino, por supuesto–, a la vez que lloramos descompuestos por esta crueldad extrema que está sucediendo a dos cuadras de casa.

Hay un silencio en las mañanas de verano que en su cenit, el 15 de agosto, me otorga un respiro. El calor me ralentiza, falta el aire y el norte de España arde. Se pierde la vida vegetal que ha costado siglos, los pueblos viven con temor la inminente llegada de las llamas. El cambio climático está dejándonos exhaustos con olas de calor que no dan tregua. ¡Que no me vengan los ‘abascales’ de turno a negarlo! Las acusaciones entre los partidos políticos por su pésima gestión del apagafuegos no da tregua. No queremos mas leña. Queremos respuestas, queremos recursos. ¿Cómo es posible que en un país con unas de las mayores superficies forestales de Europa se haya reducido la inversión en prevención de siniestros de incendios en algo más de cincuenta por cien entre 2009 y 2022? Todo es posible.

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