El escritor y antropólogo Carlos Granés publicó en «The Objetive» un artículo en el que reflexionaba sobre cómo la reacción al lamentable radicalismo woke es un radicalismo de signo contrario que es casi peor. Y la prueba es lo que está ocurriendo en Estados Unidos con Trump que hace bandera de su antiwokismo. Me quedé horrorizado al leer los comentarios que había suscitado su interesante escrito «La nueva derecha y el asedio a los gays», lleno de feroces ataques personales contra él y los homosexuales. En realidad, los ‘furibundos’ involuntariamente le estaban dando la razón.
Algo similar, pero en la otra orilla, ocurre con los artículos, en general muy críticos con el sanchismo, que publica Daniel Gascón en «El País». Aunque en este caso, también tiene opinadores que le apoyan, son mayoría quienes le insultan e incluso quienes piden que sea despedido del diario so amenaza de dejar de comprarlo. Vaya nivel demuestran estos linchadores parapetados en su invisibilidad.
Creo, como mucha gente, que el anonimato consentido para cuantos opinan en las publicaciones digitales contribuye al extremismo, al exabrupto y a la desmesura. Exigir una identificación a quienes escriben contribuirá a desinflamar el debate público, aunque solo fuera un poquito. Quizás entonces se valorarían más las posturas templadas, que como escribe el profesor Santiago S. Garrocho en «Moderaditos» (editorial Debate) son en nuestro tiempo polarizado las más «valientes».
A corre-cuita
Opinadores anónimos
Lluís Vergés | Menorca |