Viendo el otro día en un telediario las últimas trifulcas muy subidas de tono de la política española, ahora acerca de las atrocidades de Gaza actualizadas por una competición ciclista, tuve de súbito una revelación. No nos están contando lo que pasa en España, por suerte mucho menos desquiciada de lo que presentan los informativos y los comentarios, sino lo que pasa en Madrid. Y que tiene un nombre, muy antiguo: Intrigas cortesanas. Aunque ya sabemos (nos lo han repetido mil veces) que Madrid es España, y según ellos, España es Madrid en versión extendida, lo cierto es que ambas cosas no tienen nada que ver, son más diferentes aún que, por ejemplo, Catalunya. Porque Madrid, que por algo se llama históricamente Villa y corte desde 1560, funciona independientemente de todo lo demás, incluso independiente de la realidad, y esas trifulcas diarias con intervención de políticos, periodistas, empresarios y hasta jueces, no suelen obedecer a motivos partidistas o ideológicos (vean cómo la presidenta de Madrid rebate con fiereza al líder de su partido), sino a lo que toda la vida se ha llamado intrigas cortesanas. Hasta que no entendamos esto, no entenderemos casi nada de lo que se dice cada día, aunque sean cosas tan aterradoramente obvias como los crímenes de Israel, y las noticias de actualidad (supuestamente españolas) nos dejarán estupefactos y boquiabiertos, como si fueran noticias de una galaxia lejana. Porque no tienen nada que ver con ninguna realidad conocida.
Esto de las intrigas cortesanas parece cosa de siglos pasados, excepto en Madrid, donde es el pan nuestro de cada día, o el telediario. Hay todo un género literario de intrigas cortesanas, o palaciegas, desde el medievo hasta el siglo XIX, que probablemente dio origen al propio periodismo, dedicado a narrar los forcejeos, traiciones, mentiras, secretos, engaños, odios y venganzas de los círculos del poder, y como por entonces no existía la política como tal, ni medios de información, ni ideologías (la religión hacía las veces), la literatura se encargaba de contarlo. Hasta en Los tres mosqueteros hay complejas intrigas cortesanas. Y es importante distinguir la actualidad (y de paso la realidad) de las feroces intrigas cortesanas de Madrid, ya que para ellos, lógicamente, resulta imposible hacerlo.