Vaya por delante que la hipocresía del PP con respecto a la flotilla es de manual. Cuando la gente se manifiesta aquí por el genocidio en Gaza les espetan que si son tan valientes y tanto les preocupa que se vayan allá. Y cuando lo hacen y los detienen, entonces se burlan: para qué han ido. Es la doble moral de su cinismo particular a la hora de hacer política.
Como Pim pam pum Ayuso, desacreditarlos aquí y ridiculizarlos allá, poniendo de manifiesto que su único discurso se basa en despreciar cualquier gesto de dignidad. Poco antes, Pim pam pum Ayuso, cuyas intervenciones son más efectivas que un laxante, volvió a demostrar su valía para manipular la verdad. El lehendakari dice unas palabras en vasco, aludiendo precisamente a su idioma, y ella las convierte en arma arrojadiza, tergiversándolas para victimizarse. Clamando que la atacan y que todo es una conspiración contra ella. Solo le falto nombrar a ETA. ¿En serio que una persona con encefalograma plano puede presidir una comunidad como Madrid?
Mientras tanto, Garamendi sonríe desde su despacho. ¿Y cómo no lo va a hacer con un sueldo de 400.000 euros al año con una subida de un 11% en tres años? Miles de trabajadores pelean por llegar a fin de mes en tanto él exhibe privilegios, desconexión y soberbia. Ayuso y Garamendi semejan un dúo de payasos en paralelo: uno manipula la realidad política y el otro el sistema económico ignorando quienes sostienen el país con su trabajo diario. Las mentiras de Ayuso, con la nariz más larga que Pinocho, sirven para distraer y tapar la miseria que no se ve en las fotos. Garamendi se sube el sueldo, ataca a la reducción de jornada y afirma que mucha gente no quiere trabajar defendiendo la supuesta cultura del esfuerzo mientras familias enteras se ajustan el cinturón, pagan alquileres imposibles y esperan el siguiente recorte. Si no te ríes de semejantes payasos sin carpa se hace difícil aguantar esta farsa diaria.