No se puede escribir un chiste de 800 páginas, ni siquiera de 300. Bueno, sí se puede, hay libros divertidísimos, obras maestras de la sátira y el humor; lo que no se puede es leerlos enteros, porque cansan mucho. Es difícil divertirse durante tiempo, muy fatigoso. El humor tiene que ser breve, casi tanto como el sexo. No en el sentido de que todo es mejor si breve, sino además de eso, de un modo específico. Esencial. Cualquiera puede pasarse meses llorando (existen profesionales del gimoteo y la queja que llevan toda la vida hechos un mar de lágrimas), pero poco más de una hora riendo. Te agotas, te duele la mandíbula (batiente) y los abdominales, tienes agujetas en el espíritu. Te aburres. Además, la gracia es una cosa muy misteriosa, muy sutil, aparece y desaparece, es un visto y no visto. A veces la encuentras en algo que no tiene ninguna gracia, y dejas de percibirla aunque la siga teniendo por arrobas. ¡Te has aburrido, ya no da risa! Ah, qué raros somos. La desgracia es infinita, el placer, limitado como el estallido de un petardo.
Estoy leyendo ahora un libro divertidísimo que me pasó mi hijo, gran experto en literatura rusa, Sandró de Cheguem, del gran escritor abjasio Fazil Iskander (¡mi primer escritor de Abjasia!), y me lo estoy pasando en grande. Pero claro, eso lo digo porque estoy en página 77, y si sigue siendo tan bueno, no digamos si mejora, es probable que no pueda llegar a la página 825, que es cuando acaba, y lo abandone antes por exceso de diversión y de gracia. Ya me ha pasado con otras obras maestras del humor desternillante y sarcástico. Que de puro gusto dejo inacabadas, y hasta las doy por leídas. El humor debe ser ontológicamente breve. Como el sexo, decía antes. Tampoco he llegado aún, tras años, al segundo tomo de Jim, Ping, Mei, clásico chino de la dinastía Ming, abiertamente obsceno. Y eso que su autor, quizá un desarrapado monje taoísta, firma Erudito de las carcajadas, y lo traduce Alicia Relinque, a la que amo. Pero dos tomos de carcajadas, como un chiste de 800 páginas, es demasiado. No lo aguantamos. Quizá de ahí la expresión lágrimas de risa. Menos mal que por el momento me divierto horrores con este hilarante abjasio.