Se habla, con frecuencia, de la «superioridad moral de ‘la izquierda’». Ante esta afirmación te preguntas: ¿qué ‘izquierda’? Porque la izquierda ejemplar de Julio Anguita o Tierno Galván o Marcelino Camacho no es la misma que la de Pablo Iglesias. Dista, entre ambas, un auténtico abismo. Miguel Delibes definió perfectamente la de los tres primeros: «Antaño el progresismo se sostenía en un trípode muy sencillo: apoyo al débil, pacifismo y no violencia (…) El ideario progresista estaba definido y resultaba atractivo seguirlo (…) Había que tomar partido por ellos, por los débiles». Para esa Izquierda auténtica, la defensa de un niño, por ejemplo, era esencial, independientemente de que este fuera gazatí o ucraniano… Cuando esa izquierda pasó a ser ya otra, sectaria, visceral y exenta de ética, se olvidó de esos axiomas y cayó en la incoherencia o, peor aún, en una doble moral.
El débil ha sido, es y seguirá desgraciadamente siendo el débil, a secas, independientemente de que sea palestino o venezolano… No se puede denunciar una carnicería visible y ocultar, paralelamente, otras carnicerías invisibles, ejercidas desde el poder, de forma sistematizada, y que tienen como víctimas a inocentes o a meros disidentes con el poder no conquistado, sino impuesto por la fuerza. El caso de Maduro sería un ejemplo paradigmático. No se puede denunciar –iteras- el mal ejercido contra los que son de una determinada ‘cuerda’ política y silenciar, paralelamente, el sufrimiento de quienes no pertenecen a ella. A eso se le denomina, simple y llanamente, hipocresía o sangriento sarcasmo… En ese sentido podrían formularse algunas preguntas: ¿dónde está la flotilla (entendida esta como símbolo) que se dirige hacia Ucrania? ¿Dónde la que parte hacia las dictaduras americanas? ¿Dónde la que encamina sus velas hacia algunos países árabes que ejecutan a hombres, públicamente, por ser homosexuales? ¿Dónde están los que denuncian que cada día mueren en Uganda, asesinadas, decenas de personas por el mero hecho de su cristiandad? ¿Dónde anida, sra. Montero, la supremacía moral de quien, por no haber aprobado por tercer año consecutivo unos presupuestos, mata diariamente por omisión a tres enfermos de ELA, colectivo al que, por cierto, se ha negado usted a recibir en cuatro ocasiones?
Un ejemplo reciente evidencia esa perversidad o esa mezquindad: el silencio con que el ‘progresismo’ entrecomillado español ha acogido la concesión del Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado, una mujer valiente que vive oculta y que sigue jugándose la vida por defender los derechos del pueblo venezolano al que, por hurtarle, le hurtaron hasta unos resultados electorales y un proceso de democratización que se anhela allí desde hace décadas. Incluso Pablo Iglesias tuvo la vomitiva idea de comparar a Corina con Hitler. Un Pablo Iglesias cuya vida contradice sus peroratas, denostando y erosionando el valor de la izquierda real… Una muestra que, por otra parte, esboza un inquietante interrogante: ¿qué lazos ocultos e inconfesables existen entre el Gobierno español (y sus socios) con Maduro?
O la izquierda recupera su ética, o la izquierda vuelve a ser la de Anguita y Tierno Galván y Camacho y la de tantos hombres de bien, o tendrá forzosamente que renunciar a esa falacia actual: la de su pretendida y falsa superioridad moral…