Estoy seguro de que si no demoráramos tanto nuestras decisiones, veríamos los resultados mucho más apetitosos, siempre y cuando los resultados fueran positivos. Pero no es así, vivimos en un mundo marcado por las demoras y casi siempre bajo el concepto ese tan nuestro de no passis pena. Cómo que no pasemos pena, la pasamos y mucho, nos hartamos de esperar mientras nos balancean en esos columpios de las palabras vacías, de las promesas que sabemos no van a cumplirse, se nos hace soñar despiertos al son de nanas infantiles como si no hubiéramos crecido lo suficiente para saber distinguir lo blanco de lo negro. Cuando me lean nos habrán cambiado de nuevo la hora, ese ejercicio absurdo que aparece de la mano de las castañas, setas y buñuelos como algo tradicional, y digo nos cambiarán porque son ellos y no nosotros quienes lo hacen. ¿Conseguiremos algún día que no haya cambios como ocurre en mucho otros países? Nuestros niños en edad escolar serán los primeros en agradecerlo, porque eso de que te despierten en plena oscuridad, semidormido, cuando tu mente todavía no te dice dónde te encuentras, es más de película de terror y no de que ten de un beso de buenos días.
Granos de arena
Lo que cuesta decidirse
Jesús Jusué | Menorca |