Siempre que voy a Barcelona regreso con el convencimiento de que lo más importante que tengo son las relaciones personales, los momentos que paso con aquell@s a quienes me unen más que recuerdos, más que intereses, más que simpatías... con quienes me une un profundo y grato sentimiento de amor.
Sí, porque l@s amo... más allá de nuestras posibles diferencias, mas allá de nuestros dispares gustos e incluso más allá de nuestras diferentes maneras de ver la vida.
Y ¿sabéis por qué? Pues sencillamente porque es, en esas maneras diferentes de enfocar la vida o de percibir nuestros mundos, donde sigo creciendo y aprendiendo.
Es todo un lujo sentarte frente a alguien que piensa diferente, alguien a quien consideras tu amig@, y ver que quizás tu enfoque puede estar sesgado, o incluso equivocado... o que sin estar sesgado ni equivocado, sigues ampliando otra posibilidad de ver las cosas... pero incluso si su opinión no te hace cambiar la tuya, ¡sigues notando que algo se ha abierto en tu mente...! ¡Ya lo analizarás con pausa más adelante!... y posiblemente te darás una oportunidad que quizás sin haber escuchado a esa persona nunca lo habrías valorado.
Mi buena amiga Cristina piensa, en algunas cosas, de manera opuesta a la mía y sin embargo reiteradamente comentamos todo tipo de cuestiones sin que ni a ella ni a mí nos «moleste» siquiera esa diferencia... me gusta provocar conversaciones en las que, ambas sabemos que nuestras opiniones distan de parecerse... aprendo mucho de ella y sobre todo es una lección de «discusión amable y sincera».
Y cuando pienso en ello, cuando lo pongo en valor, descubro que por encima de esas diferencias está nuestra amistad... nuestra complicidad... nuestra educación (básica para poder entablar discusiones que a veces son de gran calado).
Así que concluyo que por encima de todo ello la palabra que más se acerca a esta manera de comportarnos es amor... sí amor en toda su extensión, con mayúscula.
Los budistas utilizan la palabra pali «meta», término multifacético que significa amabilidad, buena voluntad, bondad amorosa, compañerismo, benevolencia, inocencia pero sobre todo no violencia...
Estoy contenta porque tanto cuando regreso a Barcelona como Menorca, me espera un elenco de amigas generosas y cercanas con las que me es fácil y gratificante conversar sobre lo humano y lo divino... aun sabiendo que siendo diferentes hay un lazo que nos une... que nos acerca... que nos hace valorar esos momentos, esos encuentros... y esos abrazos tan sentidos que nos damos. ¡Me siento afortunada!
¡Ah! pero que no se me olvide poner una «nota» de atención ya que creo que en el lujo de poder conversar debemos renunciar a la distracción... ¡me refiero a la tremenda imposición de los móviles...! Qué maravilloso es conversar sin interrupciones, sin distracciones, escuchando atentamente... en eso aún he de reconocer que algun@s de mis amig@s están en proceso de «desenganche»...
Quienes me conocéis bien sabéis lo poco que me gusta, incluso rayo la descortesía, hablar por teléfono... lo mío siempre ha sido conversar... o ¡escribir!