Directo al grano... este pasado viernes estuvimos en Ciutadella y tuvimos el placer de poder saludar a antiguos amigos como lo son José Luis Capella (de la antigua fábrica de bisutería Bisar) y a su señora que sigue tan distinguida y elegante como siempre. ¡Cuántos recuerdos de tantos viajes a ferias! ¡Cuántas anécdotas! También cruzamos unas palabras con Biel Saura, el exanticuario y también ex caixer senyor, y primo del siempre recordado Luis Vivó Saura, aquel genio y figura. Los años pasan pero los recuerdos permanecen.
Y decidimos adentrarnos en Ciutadella Vella para tomarnos una ‘gilda’ y una caña en el Ulysses en la plazuela donde la Pescadería. Solemos recalar ahí antes de practicar nuestra costumbre de comprar en una estupenda y humilde tiendecita de verduras Km. 0 que hay allí, en una esquina. Un local que respira tradición e historia local.
Somos muchos aún los menorquines de pura cepa que recordamos cómo era la Menorca tradicional y cómo es ahora. He defendido más de una vez que la declaración de la autonomía que nos impusieron los políticos en 1983 lo cambió todo. Y no especialmente para bien. Ellos, esos políticos, han vivido muy bien porque se han repartido el botín de los presupuestos hasta el punto de haber consentido una inmensa red clientelar de entidades, observatorios, agencias, etc. que han poblado con afines paniaguados que conforman la crostera normativa que ahoga nuestras islas. Para Menorca ha sido especialmente letal al haber pasado de ser una sociedad que se sustentaba en tres patas económicas diferenciadas a disponer, ahora en la actualidad, de una sola que lo monopoliza todo. Nadie ha sido capaz de desviar esta negativa inclinación en 42 años tiempo en el que hemos pasado de ser la isla más rica de Balears a ocupar la última posición… y bajando. La política aquí lo mediatiza y lo tiñe todo. Incluso parte de la vida personal de los menorquines ha quedado ‘tocada’, y a veces ‘hundida’ al facilitarles a muchos de ellos a vivir adormecidos por las subvenciones y por la corrección política. El resultado es un pueblo drogado que requiere ayudas para cualquier actividad o iniciativa que se quiera llevar a cabo. Ya muy pocos pueden vivir sin acudir a la administración para meterse su propio chute. La individualidad libertaria casi ha desaparecido.
Sí, Menorca ya no se parece en nada a lo que fue. Ni económica ni socialmente. Ni tan solo culturalmente. La autonomía ha significado la pretensión de asumir una nueva identidad: la de ser catalanes de segunda división.
Para fortalecer el llamado autogobierno se dijo adiós al internacionalismo que secundaba la historia de la isla desde el siglo XVIII hasta reducirnos, ahora, a simples esclavos traumatizados por la ignorancia de su procedencia. Consecuentemente se nos ha dicho que nuestra habla tradicional menorquina es propia de incultos y que lo fetén era convertirnos en unos finolis del Eixample. Para ello nos han aleccionado a despreciar nuestro ús de costums lingüístico pasado de padres a hijos durante generaciones. El rizo lo hemos vivido hace unos días cuando unos catalanistas han solicitado incluso que se prohíba el uso de nuestros artículos ‘salados’ y se supone que de todo el léxico que nos caracteriza. Solo buscan despersonalizar a Menorca y convertirla en un apéndice de un sueño imposible. Matar la personalidad de un pueblo es el sueño de todo dictador.
Cuando Iniciativa Cívica Mahonesa (ICM) nos reunimos con el IEC en su sede central de Barcelona aquellos sesudos profesores nos dijeron que ellos no imponían nada sino que solo proponían normativas pero que no disponían de brigadas para imponerlas. Si en aquel momento nos referíamos a los topónimos Mahó-Mahón, ahora podemos aplicarlo a la escritura que, como recuerda acertadamente el autor Lucas Pons («Vocabulario Menorquí», 2024) en su escrito de anteayer domingo en este Diario.
Si no somos los propios menorquines quienes defendamos el legado de nuestros mayores, es menorquí desaparecerá por obra y gracia de una autonomía (y unos medios) que lo ha despreciado de forma sistemática hasta el punto de permitir su uso solo en escasísimas ocasiones y siempre bajo la advertencia de la excepcionalidad. Pretender convertir Menorca en un experimento nacionalista ha sido un mal negocio para nuestra isla. Debo reconocer que a mí me gustaban más los tiempos en los que nadie discutía que en Menorca se hablaban dos lenguas: es menorquí y el español. ¡Ah, y en Cala en Porter, el inglés!
Por cierto, les recomiendo visitar la tiendecita aquella de Ciutadella y hacerse con unas acelgas o un brócoli auténtico. Aparte de ayudar a mantener lo auténtico, comerán bien.
Notas
- Algunos estamos muy orgullosos de contar en nuestra isla con hoteles distinguidos con ‘llaves Michelin’. Prestigio
- Mucha maldad anunciar el falso fallecimiento de Antonio Tejero, un guardia civil al que algunos engañaron y otros traicionaron.
- Incomodidad entre socios del Ateneo por algunos escritos de quien, representante de todos ellos, no debería mostrar tanta parcialidad política.
- Mucho ambiente en la comida de otoño del pasado sábado en el Casino Mahonés. Mucha representación ciutadellenca, incluido algún ex caixer senyor.
- Me cruzo y saludo a Juanma Lafuente, un buen tío. Lo que le hace el amigo de Koldo no té nom.
- .Cat: Puigdemont y Junqueras son el pasado y el fracaso. Por eso sube la noia Orriols y su Aliança Butifarra.