Mande quien mande, más nos vale ir haciéndonos a la idea de que siempre habrá una multitud de descontentos. Fíjense lo que les digo: ni siquiera Dios con ser Dios nos tiene a todos contentos. La oposición cree que tiene como mejor oficio oponerse a todo lo que diga o haga el gobierno, sea este de derechas o medio de izquierdas, sin parase a considerar si lo que se propone viene a corregir una anomalía enquistada por años de soberbia y desacuerdos con esa forma de ejercer la política tan absurda cuando no pocas veces mezquina. Si la legitimidad democrática no va unida al sentido común, la democracia deja de ser la herramienta política que el votante necesita, que es para lo que elige a sus políticos que, en puridad, no son otra cosa que gestores para encauzar los avatares de la plural convivencia.
Ante el plante del PP por la sanidad (los consejeros de la comunidad del PP abandonaron la Interterritorial de Salud convocada en Zaragoza), viernes 24 de octubre 2025, a lo que les increpó la ministra Mónica García: «han pasado de ser unos irresponsables a ser unos cafres». Una cosa es perder la calma por la cocaína, como decía Sabina, y otra es perder la calma por estar en la oposición. Con todo, hay algunos y algunas que parecen alcanzar el éxtasis cuando les viene la munición verbal más putrefacta para escupírsela a quien ostente el poder sin la más mínima consideración ni el respeto por quienes, a su pesar, ostentan el poder. ¡Qué quieren ustedes que les diga! Está muy feo llamar «indigentes intelectuales» al gobierno. Tenemos unos gestores políticos donde muchos días les sale convertir el hemiciclo parlamentario en un lamentable apocalipsis, cuando no es por las ofensas al estilo Tellado, es por algún hilarante lapsus estilo Yolanda Díaz que le salió la semana pasada en el Senado decir: «queda gobierno de corrupción para rato», cuando ella quería haber dicho gobierno de coalición y le salió corrupción. Esas cosas pasan, señora Díaz, cuando la oratoria va por un lado y la sesera por otro. Claro que el señor Feijóo mejor haría en recordar sus propios lapsus. Aquí les dejo un par de ellos: cuando afirmó que Huelva estaba en el Mediterráneo o cuando le salió decir que estaba en Andalucía y estaba en Badajoz. Ya ve usted, lapsus los tenemos todos aunque para el caso lo suyo más me parece incultura que lapsus, elija usted.
Es lamentable que los parlamentarios anden siempre dispuestos a la descalificación y al insulto. Se los mira uno y no tiene otra que llegar a la conclusión «estos no irían juntos ni a cobrar una herencia». Tampoco hay que pararse mucho en el análisis para ver que están ustedes atrapados en sus propias vulgaridades. Siempre quise saber si cuando regresan a casa pasan el vídeo del último debate y si al final de visualizar «el desastre», no tienen que tomarse un gelocatil o darse con la cabeza contra la pared que también es muy efectivo porque como dijo aquel «volar no es peligroso, lo peligroso es estrellarse». Algunos no sé si saben volar pero se estrellan continuamente contra el muro del sentido común y en su torpe autocomplacencia creen que eso es lo más eficaz cuando lo único que les sale es poner a la bancada contraria a caer de un burro, pero eso no es hacer política (no les pongo lo que pienso por si lo contempla en código penal).