En su constante esfuerzo por reinterpretar y resignificar cosas, el Gobierno convocó un concurso internacional de ideas para que prestigiosos arquitectos, artistas y filósofos simbolistas presentasen proyectos de intervención más o menos simbólica a fin de, efectivamente, resignificar nada menos que el Valle de los Caídos, el colosal mausoleo petrificado de Franco para eternizar su victoria en la Guerra Civil, y convertirlo por arte de magia en entrañable lugar de encuentro y diálogo. ¡Diálogo en Cuelgamuros! ¡Titánica reinterpretación!
Pues bien, no he podido menos que enterarme que ya hay ganador, el proyecto transformador se llama La base y la Cruz, qué cruz, y además de contener un centro de interpretación para explicar cómo hay que interpretarlo ahora, «aborda la dimensión emocional, política y espiritual» del plúmbeo monumento, con objeto de dotarlo de una visión más plural y democrática. ¡Plural y democrático el Valle de los Caídos! ¿Y cómo se consigue tamaño prodigio arquitectónico y artístico? Pues parece que la base consiste en eliminar las escalinatas y colocar una gran losa, losa dialogante, que así dialogará con la Cruz. La Cruz persiste, naturalmente. Y ya está. Cuelgamuros totalmente resignificado, y los resignificadores que lo resignifiquen buenos resignificadores serán.
La verdad es que siento mucho decirlo, me jode ser aguafiestas, pero intuyo que no van a resignificar nada, ni a reinterpretar por más reinterpretaciones que le echen, ni tampoco esa losa plural, democrática y dialogante dialogará nada, porque los símbolos no se transforman así como así, y menos los grandes símbolos, que simbolizan lo que simbolizan por los siglos de los siglos, no algo parecido. Como la cruz de hormigón armado más grande del mundo, 150 metros de cruz, para que se vea desde Cádiz a Girona, y que se ríe de este esfuerzo artístico y filosófico baldío. Tú resignifica lo que te dé la gana, que yo significaré lo que significo, dirá el fúnebre monumento de los caídos. Lamento darles este disgusto a los valientes reinterpretadores y sus losas dialogantes, pero los símbolos son monstruos culturales que no se dejan resignificar. Ni saben qué significa resignificar.