Una reflexión de Ramon Llull rara vez cultivada aconseja: «Como lo que sabes no es tanto como lo que no sabes, no hables mucho…»; de ser observada, no sería saludable agobiar a mis improbables dieciséis lectores con noticias despiertas, y menos de buena mañana. Puede que la mejor noticia se dé cuando no hay titulares preocupantes, salvo que el Ejecutivo se siga endeudando en 10.000 millones de euros para pagar nuestras pensiones, y eso no es nuevo; además, podía barruntarse por los asomos del papel salmón...
«El hecho de que necesitemos un crédito no significa que las cosas vayan peor; más bien lo contrario, las cosas van mejor» sentenció un alto cargo ministerial. Cuando desconocemos un tema hacemos conjeturas, pero que nadie se pregunte de dónde saldrá el dinero, porque de dónde surgiría si no de nuestros bolsillos (?) El informe Fedea, con su visión actuarial del sistema público de pensiones, presume la acentuada insostenibilidad del actual sistema, no ajeno al sostenimiento del conjunto de las finanzas públicas, lo cual puede suscitar inquietudes de futuro en los que aún no cotizan e incluso en los que ya lo hacen. Tras un largo y complejo etcétera de razones, Fedea, que no tradujo milagros ni tampoco sorteó el envejecimiento demográfico, estima que nuestra sociedad con 9,4 millones de jubilados debe decidir –en un deseable entorno de consenso– cómo afrontar el desafío de mantener unas finanzas públicas saneadas…