Imposible no apelar a la nostalgia cuando se escucha que Maó y Es Castell podrían plantearse recuperar, en cierto modo, la figura entrañable de aquellos hombres con uniforme y gorra, provistos de un enorme manojo de llaves que recorrían los barrios de las ciudades de 11 de la noche a primera hora de la mañana. Eran los serenos, un cuerpo de apoyo que ejercía vigilancia y, sobre todo, auxiliaba a despistados que habían olvidado las llaves de entrada a sus edificios, como muestran numerosas películas costumbristas de la posguerra española.
El oficio tradicional de sereno desapareció en 1977, sustituido por las policías locales y los porteros automáticos, aunque en algunos municipios hay movimientos para rescatarlos y mejorar así la seguridad de sus calles.
En Maó y Es Castell barruntan remedios para solucionar malas praxis del controvertido sistema de recogida selectiva de residuos. Y una de ellas podría ser la del celador nocturno, una suerte de sereno que en lugar de llaves maneje un bolígrafo con el que tomar nota de quienes dejan la bolsa sin el cubo o bajan los residuos que ese día no corresponden. Tanto es así, que en el municipio mahonés han diseñado un plan de actuación dividido en varias fases, incluida la apertura de investigaciones para dilucidar quiénes son los «delincuentes de basuras» y aplicarles una sanción si fuera necesario.
Se habla del ‘puerta a puerta’ en Menorca desde hace años, aunque no fue hasta noviembre de 2023 cuando inició su implantación en los dos municipios del este insular. El resto le dan la espalda, por ahora, entre críticas furibundas, por un lado, y elogios medioambientales, por otro.
Resulta evidente que la recogida selectiva funciona si se hace bien y que los porcentajes para abundar en el necesario reciclaje crecen en positivo. Pero transcurrido tanto tiempo, tanta prueba y tantas sesiones informativas, si el sistema continúa siendo contestado y mal ejecutado, es que algo falla y habría que darle una vuelta, como las que daban aquellos serenos toda las noches.