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Un catedrático bonachón

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9-XI-25 domingo

Me pasan un tik-tok, sea lo que sea esa cosa, en el que aparece la aguerrida señora Ayuso anunciando todas las plagas bíblicas si no nos quitamos de encima más pronto que tarde al carcamal de Sánchez. Porque, según ella, estamos en el peor momento de nuestra democracia, es la hora de decir basta, poner pie en pared y acabar con este estado de cosas que nos lleva al bolivarianismo. En el mejor estilo aznariano, viene a decir que «el que pueda hacer que haga», es decir que cualquier método es válido si conduce a la derogación del ominoso sanchismo...

Intrigado y asustado ante semejante panorama, investigo un poco y me encuentro con datos relevantes sobre democratización, elaborados por instituciones especializadas, que muestran un retroceso lento pero continuado a escala planetaria. ¿Y España dónde está?, se pregunta el periodista Joaquín Estefanía. Los datos que proporcionan respecto a nuestro país los principales institutos de estudios sobre la calidad de la democracia son los siguientes:

-V-Dem (Varieties of Democracy) de la Universidad de Gotemburgo, el centro académico más importante en este tema sostiene que España    es una democracia liberal plena.

- Freedom House, con sede en Washington, otorga a España 90 de los 100 puntos posibles en la valoración sobre libertades políticas y en derechos ciudadanos.

- International Ideas: España está en la posición 22 de 151 en el índice de calidad del proceso de representación y en el puesto 11 en la protección de derechos…

- En The Economist, España está en el pequeño grupo de las 25 «democracias plenas» en el puesto 21 con 8.13 sobre 10 puntos en una clasificación que encabeza Noruega con 9.88 puntos.

Hay más, pero es suficiente. Me voy a la cama mucho más tranquilo.

10-XI-25 lunes

Acudo al emotivo homenaje que el IME tributa a una de sus figuras más señeras, el catedrático menorquín Juan Hernández Andreu, fallecido hace unos meses en Madrid. Afable como pocos, Juan    creó escuela en su cátedra de la Universidad Complutense, con multitud de jóvenes apadrinados por él en estudios económicos. Participan también en el homenaje dos catedráticos venidos expresamente de Madrid para certificar y desmenuzar, no sin emoción, la ingente obra de Juan Hernández, un gran investigador especializado en graves crisis económicas y que en los últimos tiempos centralizó sus estudios en cuestiones menorquinas de economía, especialmente las situadas temporalmente en la encrucijada entre los siglos XIX y XX, y es que Juan Hernández Andreu fue un menorquín universal.

Como ponen de manifiesto sus compañeros de Madrid fue una persona cabal y un gran investigador; hombre de talante aristotélico, buscador impenitente del justo medio, lo que le valió para ser amigo de todos los que le rodearon, y muy especialmente el apoyo incondicional    de    su esposa Begoña, quien se encarga en Can Victori de poner el colofón    al confesarnos con emoción contenida los dos deseos del profesor Hernández con relación a Menorca, uno cumplido, la adquisición    de un llaüt para pasear con sus nietos por el puerto de Maó y otro    frustrado: llegar a ver la revitalización urbanística y social del Fonduco.

En el otoño de 2001 tuve el honor de pasarle la vara de mando del Ateneo de Maó cargo en el que, a pesar de las dificultades de vivir fuera de la Isla, desarrolló con encomiable dedicación y acierto. Su sapiencia, bonhomía, y perenne sonrisa perdurarán en la memoria de sus paisanos menorquines. Gracias, Juan.

11-XI-25 martes

El presidente del Gobierno perdió el domingo una óptima ocasión de callarse en una entrevista que se publicó en «El País». Es dueño de tener su opinión sobre el caso del fiscal general, en este caso su inocencia, pero no de manifestarla públicamente por el cargo que ocupa.

12-XI-25

Renace el guadiana menorquín: Rafal Rubí. ¿Tan difícil es ir a Monte Toro, recluirse, sentarse a una mesa govern y oposición y no levantarse hasta haber llegado a un acuerdo respetuoso y acorde con los parámetros de la Menorca Talayótica y por los que tanto se ha luchado, y que a la vez dé mayor seguridad a la carretera? ¿Tanta inseguridad hay en el enclave como para llenarlo de hormigón?, ¿de verdad no hay una solución menos agresiva?

Nos explica la catedrática en Arqueología Margarita Orfila en un interesante artículo que «los monumentos son unos edificios únicos, como otros menorquines que han permitido, y merecido, que se haya declarado, por la Unesco, a la prehistoria de Menorca Patrimonio Mundial dados sus Valores Universales Excepcionales». ¿Vale la pena echarlo todo por la borda?

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