Directo al grano... Hay formas de imposición que se revisten de tintes amables y aterciopelados para suavizar su oscuro fondo. Veamos. Ya agota que un grupito de unicornios lingüísticos instigue a personas de diversas procedencias que viven en la Isla para que se resuelvan a comunicarse en català.
Es la vieja técnica de la tortura sibilina que consiste en anular la personalidad original de uno con un ’no te preocupes, nosotros te traduciremos tu lengua, te ayudaremos a sustituirte a ti mismo y, anticipándote al 2030, te haremos feliz aunque enajenado de tu background cultural propio’. ‘C’est-à-dire’ serás un chusquero cultural que se desprenderá de su ‘ser’ para entrar en nuestro ‘estar’.
Inducir a personas españolas o hispanas a ‘integrarse' en una isla que tiene el español también como lengua cooficial puede deslumbrar a algunos como supuesto activo aparentemente caritativo, amable y rosado. Pero no lo es porque, aunque envuelto en papel sedoso, es un propósito tramposo como lo es toda integración forzada y petulante que conduce a la anulación de una personalidad propia, tan legal aquí como la otra.
La extensión del barceloní en nuestra isla deben estar en manos exclusivamente de la voluntad personal de cada ciudadano. Sin presión alguna. No se pueden imponer vericuetos para conseguir un fin si este está orientado a que las personas cambien su lengua natural, cooficial en la isla, para sustituirla por otra igual de cooficial. La anexión cultural conlleva malos recuerdos históricos. Quienes engrasan la iniciativa y la promocionan solo consiguen la perplejidad del espectador aséptico al comprobar cómo al final del túnel solo se esconde la malicia de sustituir y extirpar nuestra realidad lingüística. Se pretende pasar de una sociedad claramente bilingüe a otra en la que una lengua aplaste y sepulte a la otra. Un franquismo al revés. Es decir, otro franquismo.
«No estamos, por tanto, ante un consenso social, sino ante una política calculada y ambiciosa que pretende una transformación profunda de los usos lingüísticos de la población, algo que, creo, resulta ilegítimo puesto que ni el poder público (ni sus satélites subvencionados, añado yo) no ha de entrar en la lengua que utilizamos los individuos en nuestras relaciones privadas, en nuestro ocio o en nuestra familia». (R. Arenas, Catedrático UAB).
Por otra parte, aquí sufrimos la confusión permanente entre barceloní y menorquí. La inmensa mayoría, sabemos que hablamos es menorquí de tota sa vida mientras otros, de forma novedosa, minoritaria y provocativa, pretenden forzarnos a hablar en barceloní porque, pobres diablos, sugieren que fa més mudat. Así pues mientras para aquellos, los ‘menorquinistas autóctonos’, hablamos una forma lingüística personalizada, para estos otros, ‘los colonizadores’, solo debemos ser una gota en un mar de sumisión. ¡Hala idò, ja la ballam!
Los Illuminati locales y su fiel claca, siempre auto considerados en su apreciación personal como infalibles, apelan sin piedad a una so-called ciencia inventada alrededor de una taula camilla del Eixample mientras soplan sus fatwas al viento escandalizándose de que alguien pueda dudar de ellas. Pero junto a Galileo afirmamos aquello de Eppur si muove cuando la realidad les aplasta con recientes libros como el de Lucas Pons o el de Óscar Sbert que glorifican, resaltan, recuerdan y ayudan a preservar las peculiaridades de nuestra parla isleña (como ya hicieran otros muchos a lo largo de los siglos). Porque, quiéranlo o no, no és lo mateix ‘rallar’ que ‘enraonar’.
Más. Pretender borrar toda huella de un idioma que hablan todos los menorquines, aparte de ser una masacre cultural, es un acto de alteración totalitaria intolerable. En la Isla pueden convivir perfecta y libremente los dos idiomas: Menorquín y español, como lo han hecho durante siglos sin que ahora unos fanáticos resentidos vengan a alterar nuestros usos.
Post-data: Bueno, ya ven que a uno las imposiciones le producen urticaria de la mala. Y las revestidas de falsa bondad todavía más. Pues eso.
Notas:
1- Para entender la situación: si te sientas en cualquier terraza de España verás que casi un 25 por ciento de los paseantes son inmigrantes y que otros casi 20 por ciento de esos paseantes-votantes se decantaran por Vox en las próximas elecciones. ¿Y en Menorca? Ya sabemos cuántos ‘forasteros’ hay en la isla, ahora solo faltará saber cuántos votantes tendrá Vox.
2- En el restaurante Akelarre (de Pedro Subijana, 3 estrellas Michelin) en San Sebastián, se ofrecen tres vinos menorquines de Torralbenc: un blanco, un rosado y un tinto.
3- Predicción: El Fiscal sanchista será condenado como no puede ser de otra manera. Con sentencia suave para evitar la cárcel. Luego dimitirá aunque el Manual de Resistencia de su protector diga lo contrario.
4- Muchos de los aguerridos legionarios de sofá, defensores de las supuestas esencias menorquinas, esos que tanto lamentan la venta de fincas a quienes las pueden rescatar de su decadencia, nunca las visitaron y ni tan solo sabrían de ellas si su compra-venta no se hubiese publicitado.
5- Es triste que en el reconocimiento al insigne Juan Hernández Andreu nadie tuvo el detalle de recordar su firme defensa del topónimo Mahón.
6- ¿Aumentan los partidarios de abolir todas las rimbombantes declaraciones que aprisionan de normativas la Isla?