Se habrán enterado por la prensa y los informativos de que existen docenas de instituciones muy importantes, nacionales y hasta internacionales, que imagino con largos pasillos, oficinas y puertas secretas, con centenares de trabajadores altamente cualificados, que se dedican permanentemente a la extenuante tarea de revisar las previsiones que ellos mismos hicieron la semana o el mes pasado. Previsiones económicas, se entiende, que son las únicas que importan y a nadie le pagan por hacer previsiones literarias, o sentimentales, o psicológicas. Las previsiones, salvo las del tiempo, siempre son económicas por definición, y por tanto, son también las únicas que exigen revisión. Revisadas las previsiones de crecimiento, dice el titular. O de inflación, o de deuda, o de empleo, o de lo que sea. Y que naturalmente hay que revisar casi de inmediato, ya que paradójicamente toda previsión prevé su propia revisión para ser fiable. Al alza, a la baja o en elipse, pero con cifras y decimales, pues caso contrario no sería una previsión exacta. Y estas prestigiosas instituciones lo son mucho, por lo que si dicen que han revisado al alza los precios de la vivienda, o el de los huevos, es que lo han revisado. A veces parece que revisan al mismo tiempo que predicen, a fin de mantenernos informados, y a veces hasta nos enteramos de la revisión antes que de la previsión.
Tampoco es que haya mucha diferencia, sí acaso unas décimas, pero parece importantísimo si en lugar de crecer el 1,9 por ciento solo crecemos el 1,6 raspadito, y si los costes laborales suben esas tres décimas es la ruina empresarial. De ahí que a tantos asalariados se les llenen los ojos de lágrimas cuando cobran su nómina, igual que si estuviesen en la ópera viendo «La Bohème». Sobre este dato no hay previsiones, y como no se pueden revisar las previsiones que no se han hecho, carece de precisión y simplemente lo anoto sin ningún valor científico. ¿Podemos concluir que si no previéramos tanto no tendríamos que revisar tanto? Probablemente, pero para qué. Nos gusta preverlo todo, nos gusta revisar. Y sobre todo, nos gusta estar informados. Con cifras decimales. Eso proporciona cierta sensación de control, revisable.