Algunos nombres de recetas gastronómicas causan rechazo. Aquí les dejo una muestra: matamaridos, plato muy conocido, lleva pescadilla o merluza, patata, cebolla, pimiento, tomate y el zumo de medio limón; caldillo de perro, gastronomía típica de Cádiz; sopa de gato, que solo tiene de gato el nombre, típica también de la misma zona; chochas perrunas, lleva chirlas o almejas que suelen tomarse con la lengua, de ahí le viene el nombre; tapaculos, en Jerez de la Frontera se guisan con una salsa aunque es normal que estos peces, muy parecidos a los gallos, se hagan simplemente fritos, ya les digo que son muy sabrosos; gato asado, esta receta sí lleva gato, en algún libro entre los más de 2.000 que tengo de gastronomía, hay 4 o 5 recetas para aprender a guisar un gato; ya los guisaba Francisco Martínez Montiño, cocinero de Felipe III, año 1628. Estando en la Habana pregunté a la gente del lugar por qué no se veían gatos. Me contestaron «porque nos los comemos, están muy ‘güenos’».
Atascaburras, a la luz de ese lugar donde habita mi memoria recuerdo haberlo comido alguna vez, lleva patata que hay que aplastar con el tenedor en el propio plato, dos dientes de ajo y un chorrito de aceite; cachelos de la tía guarra, lleva patata, sardina arenque, cebolla, perejil, vinagre y aceite crudo; patatas manos guarras, es un plato que preparo en casa con frecuencia, a María le encanta.
Una vez fritas las patatas a cuadraditos, se les añade ajo muy picadito, vinagre y un chorrito de agua y se deja que den unas vueltas para que cojan gusto. Arroz con gallo muerto, imagínense si hacemos un arroz con un gallo vivo; perdiz de huerta, sepa usted que la perdiz de huerta en algunas zonas de Andalucía, es una lechuga; paella con rata, plato bastante común en la albufera de Valencia. Si eso le da repelús lea usted el libro «Las ratas» de Miguel Delibes de Ediciones Destino, verá que en determinadas zonas las ratas se consumían como pasa ahora en China, Camboya o México donde consideran la carne de rata como un manjar.
Revientalobos, lleva patata, cebolla roja, cabeza de ajo, todo asado sobre un rescoldo de madera de encina, hay quien le agrega unas tajadas de bacalao; coñitos, son pastas dulces parecidas a los polvorones, se elaboran en la zona de Cuéllar; pedos de fraile o de monja, son unos dulces fritos parecidos a los buñuelos, típicos de Azuebar, Castellón; chochos de Salamanca, se me ocurrió entrar en una confitería cerca de la fachada plateresca de la muy ornamentada puerta de la universidad salmantina, donde todo quisqui que va de visita se pone a buscar la rana (dicen que localizarla otorga buena suerte académica, sepa usted que está encima de una calavera), detrás del mostrador de la confitería reinaba una agraciada dependienta y cuál no sería mi asombro cuando un matrimonio ya mayorcito, pidió una bolsa de chochos que resultaron ser unos confites bastante gordos. Yo me quedé, como dice mi hija Arantxa, de pasta de boniato, pues ignoraba que en Salamanca se pueden comprar confites con ese nombre que allí pronuncian con asombrosa naturalidad.