Pese a lo que quizás podría sugerir el llamativo título de esta columna, les puedo ya avanzar que, en principio, se trata de un texto apto para todos los públicos, en el que esencialmente hablaré solo de música. Con este pequeño spoiler, muchos de ustedes habrán adivinado ya que voy a escribir sobre el segundo disco que grabaron en su momento Alaska y Dinarama, llamado precisamente así, «Deseo carnal». Editado en 1984, recuerdo que enseguida que salió fui a comprarlo a una de mis tiendas favoritas, Aloha Discos, que se encontraba en la Plaça Major. Si lo compré no fue solo por su lascivo título, que también, sino sobre todo porque desde siempre me han gustado los tríos -musicales-, incluidos Los Panchos o Trigo Limpio. En ese caso, ahí estaban el malogrado y genial Carlos Berlanga, Nacho Canut y Olvido Gara, quien además aparecía en solitario en la portada de aquel disco. Bueno, en solitario no, pues salía abrazada a un joven musculoso y aguerrido que, al parecer, no llevaba nada de ropa. Esa fotografía era sin duda lo más procaz del disco, pues las melodías y las letras de las diez canciones que lo componían eran, además de prodigiosas, sutilmente románticas, con su punto de ironía berlanguiana, como por ejemplo «Cómo pudiste hacerme esto a mí» o «Un hombre de verdad». Cuando las escucho ahora nuevamente, a veces me cuesta creer que hayan pasado ya cuarenta años, porque siguen sonando tan originales y tan frescas como en el momento en que nacieron. Lo único que quizás sí ha cambiado algo es que yo me noto hoy un poquitín menos deseoso y genésico.
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