No sirven para nada, pero consuelan y alivian la situación, aunque sea de forma casi imperceptible. Cuando las cosas se ponen feas y no hay nada que hacer, pero hay que hacer algo, todos recurrimos a estas fruslerías consoladoras. Echarse a dormir, equivalente a hacerse el muerto, es la más antigua y la más recomendada por los filósofos, pero no cualquiera está capacitado para ello, hace falta una gran solidez de espíritu, y muchísimo talento. También un coraje extraordinario para lograr quedarse dormido según dónde. Es un consuelo solo para héroes. Los gobiernos y poderes públicos, como ya están acostumbrados a hacer cosas que no sirven para nada, o anunciar que las harán, suelen preferir emitir decretos, normativas, leyes. No para consolar y tranquilizar a la gente, sino para aliviarse a sí mismos. Esto permite hacer discursos, un gran consuelo para el orador, que además así gana tiempo. Ganar tiempo es esencial cuando no se puede ganar otra cosa, y total, esa gente solo halla consuelo en los males del rival.
Los escritores prestigiosos pueden escribir una trilogía, aunque este es un consuelo muy trabajoso, y desde luego, a mí no me consolaría. Me fatigaría, que no es exactamente lo mismo. Rezar es otro clásico de cosas que no sirven para nada, pero solo para los muy creyentes, y aun así, por Santa Teresa y por Truman Capote conocemos los grandes peligros de las plegarias atendidas. Mejor pensar otra cosa, hay muchas. Beber algo no está mal, pero en casa y sin darle la tabarra a ningún camarero o camarera. O comer. Esto les funciona mejor a los niños, pero puesto que los duelos con pan son menos, se puede intentar. Para mí, de todas las cosas que no sirven para nada, pero consuelan, la mejor es fumar.
El último cigarrillo de los moribundos o los que van a fusilar, muy estético y que ayuda a mantener la dignidad. Pero mejor que cada cual descubra qué le consuela y qué no, no dejarlo a la improvisación. Si acaso, entrenar la improvisación. A mí me alivia leer el final de Huckleberry Finn; «Tendré que salir a escape hacia territorio indio, porque tía Sally va a adoptarme y civilizarme». También me consuela el final de Cumbres borrascosas. Los acabo de leer.