Expongamos las cosas como son: -El ex fiscal general destruyó ‘protocolariamente’ las pruebas que demostraban su inocencia; tal es su apego a la verdad sin filtros.
-El pariente más querido de ‘super yo’ obtuvo su artístico empleo público porque, encontrando en internet esa oferta, y siendo un talento musical indiscutible, se le otorgó el goloso puesto sin intervención de su progresista y transparente hermano. Paralelamente, Hacienda no tenía manera de saber que, tributando en Portugal, residía sin embargo entre Badajoz y la Moncloa y es por ello que esa conducta nunca se le reprochó administrativamente ni se exigió reparación (ojos que no miran, corazón musical que se escabulle).
- La santa esposa del gran resiliente no alcanzó su atractivo status complutense por intervención de nadie. Su brillo intelectual la aupó, sin mayor ayuda, a dirigir una cátedra. De hecho son tales sus dotes que ni siquiera necesitó título universitario para alcanzar sus metas. Un caso excepcional de mujer superdotada. Hay que ser canalla para pensar que alguien perteneciente al grupo progresista (el bueno) haya tenido algo que ver en este asunto. Por supuesto tampoco influyó para nada nuestra exsecretaria en prostíbulos saunicos en la mejora de vida de Barrabés ni en la entrega de dineros a Air Europa. En general podemos decir que su brillo produce malestar entre los jueces fachas y la persiguen por ello a conciencia y sin piedad.
- Es perfectamente creíble que el amado líder, híperprogresista (híperbueno) nada supiera de los trajines que se traían Ábalos, Cerdán, Koldo, etc. Al fin y al cabo los conocía poco (que yo recuerde). Un tipo como Pedro es claro que ha estado tan dedicado a construir viviendas para arreglar el problema habitacional de los jóvenes, tan centrado en bajar la inflación, la deuda pública y en general, tan preocupado por los españoles (sean o no de su cuerda), como corresponde al cargo que ocupa, que no va a estar pendiente de sus ministros o sus secretarios generales del partido progresista (bueno) que él preside con tanta limpieza como honestidad.
Si usted, amable lector, compra una de estas motos, le felicito: ser cándido no es del todo malo, es (si acaso) enternecedor.
Si usted, amable lector, compra varias de estas motos (y otras en similar estado de mantenimiento), ya no le felicito tanto: lo suyo pinta a secta, y el líder de esta secta quizás no sea tan buen tipo como usted asume, y las motos puede que no estén en buen estado y le duren dos telediarios (si son de Inchaurrondo, tres).
Reflexionemos:
Cada vez pagamos más impuestos. Sobre este punto no cabe duda alguna. Nuestra capacidad adquisitiva se viene deteriorando a toda máquina (como un cohete, más o menos).
Los progresistas (los buenos) odian a quienes se hicieron ricos montando empresas (Amancio es un canalla, Roig un ladrón), pero nada reprochan a quienes se han hecho millonarios tras su paso por la política (Bono, Blanco, Zapatero…etc etc).
2 Recordemos:
La gürtel, los ERES, los sobres de Rajoy, la trama de las mascarillas, de los hidrocarburos. Suma y sigue: nosotros pagamos más impuestos y ellos nos roban a espuertas.
Sin embargo siguen recibiendo votos.
Me pregunto: ¿Qué es más penoso, que se engañe al ingenuo una y otra vez o que el ingenuo que se deje camelar continuamente y con su voto entregue el poder a quien ya le toreó tantas veces?
La política no debería ser (pienso) una religión. No se debe simplemente «creer» lo que establece el catecismo laico del partido con el que uno simpatiza. Sobre todo si este se reescribe cada quince días y obliga al creyente a desdecirse continuamente. Nada tan patético como defender hoy que asociarse con alguien es malo (¿cuántas veces tengo que decirlo?) y llamar mañana facha a tu amigo porque sostiene que pactar con ese alguien era un error. Ídem para tantos otros bandazos que el «creyente» debe surfear para adaptarse a los quiebros de aquel que no miente, que solo «cambia de opinión».
Cabalgar contradicciones desde el césped de la piscina que antes era signo de casta pero ahora ya no tanto: ese es el plan.
Un plan sin fisuras.