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La tristeza en un mundo triste

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En este puñetero mundo en el que estamos hacinados siempre esperando un final donde no nos enteremos que la parca ha venido a visitarnos, atrás dejaremos alegrías y tristezas que nos asistieron a lo largo y ancho de nuestra vida. Hoy mayormente quisiera referirme a la tristeza. ¿Qué es la tristeza? Sepa usted que la tristeza también es un misterio pero no es un misterio cualquiera, la tristeza es un misterio cruel que surge de los más insospechados acontecimientos. ¡Hombre!, si fallece un ser querido o que nos importa, es lógico que la niebla de la tristeza nos opaque la normalidad de la supervivencia. En cualquier caso seguiremos yermos en el conocimiento de presentar la tristeza como algo tangible. No sabemos de qué está compuesta la tristeza. En la porfía de querer saber qué cosa es, solo alcanzaremos a saber, y eso no siempre, qué es lo que la ocasiona. Los motivos pueden ser infinitos: no es igual estar triste por un fallecimiento que estar triste porque acabamos de ver aquellos ojos negros como el rincón de una noche sin luna que van amarraditos del brazo del tontolaba del vecino de enfrente, un ‘piernas’, un ‘vivalavirgen’, un ‘correveidile’, un ‘covid’ desorejado, un ‘maula’, en definitiva, un individuo conocido como el tío vinagre.

El mundo es una esfera que no es redonda y que está sembrada de penas y tristezas. La pena y la tristeza son cosas diferentes.

Me pasé todo el fin de semana releyendo prensa, buscando en qué se funda la tristeza periodística de un fin de semana. Al final, lo único que se me pegó fue la tinta de las hojas de periódico que ojeé, parecía que hubiera estado estrangulando calamares. Sí, claro… claro que me pareció muy triste lo del fiscal general del estado y tener que leer lo que le dijo el del pelo blanco al novio de la señora a la que tanto le gusta la fruta. Es algo muy triste la verdad. La tristeza además suele ir acompañada, no pocas veces, de situaciones enrevesadamente incomprensibles. Ya les digo que todo lo de ese juicio del fiscal me fatiga mi capacidad de entender de qué materia está formada la supervivencia, de qué materia está formada la dignidad, de qué materia está formado el odio y qué parte está invadida de esa niebla de la tristeza que puede aparecer en cualquier momento y a cualquier edad. A veces la tristeza se hace colectiva y afecta a toda una sociedad y no crean que solo por haber perdido una guerra y tener que huir a otro país simplemente con lo puesto y envueltos en la tristeza que se pega como una lapa ocupando el lugar de las ilusiones perdidas. Pero fíjense en la capacidad de generar tristeza que pueden tener hasta los más superfluos acontecimientos. Centenares de personas, quizá miles, toda una afición se va a la cama con la tristeza pegada en el alma el día que su equipo pierde su estatus y baja de categoría. A veces la tristeza emana de un hecho superficial como puede ser que nuestro equipo haya perdido la final por un inoportuno autogol, ¡qué cosas!

La tristeza es asexuada, hombres y mujeres tendrán en sus vidas muchos días tristes, incluso los animales padecen esa lacra de la tristeza. Algunos perros que tienen el lagrimal enrojecido, tienen siempre la apariencia de estar tristes. No hay que confundir la tristeza con el miedo, un perro con el rabo entre las piernas denota temor o miedo, la tristeza es otra cosa. Hay personajes con mando en plaza que con una simple firma pueden crear una gran tristeza colectiva acompañada de negros presagios y perturbadoras preocupaciones. Qué capacidad tiene la tristeza de expandirse que incluso los que son demasiado ricos también tienen días que ni siquiera su opulencia económica les librará de la tristeza.

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