Hojeando papeles olvidados salió este manuscrito en 3ª persona... «La posguerra le llevó a Fornells, huyendo del hambre y otros gerundios. Destino plácido, resumido en servicios burocráticos, con serenas correrías por el ‘Camí dels Martinells’ y ‘Sa Cavalleria’, donde, a menudo, le ungían con un rebosado plato de leche con nata, colmado de sopas de buen pan de payés. Leer la prensa, cuando llegaba; hablar de todo y de nada con los vecinos y, cuando se daba, un caldo con los pescadores. Al atardecer, unas partidas de ajedrez en Can Garriga, en sintonía con el dueño de la fonda de quien era huésped. Aunque en el tablero solo las movía, el empleado acarició su cenit una tarde de verano del 49, ante un jugador de reconocido prestigio al que sorprendió en pocos compases. El licenciado debió de confiarse, más inmerso en apuntar las jugadas en su libreta y menos en advertir la incursión de la contumaz ‘caballería’ del aficionado...
Aquel intelectual, al rendir su rey, le preguntó con cierto fastidio –y eso se nota– dónde y cuándo había aprendido... El diletante le confesó, como quien pide perdón, que, tanto en ese tema como en otros, estaba en fase de noviciado… El rendido seguía ‘tocado’ cuando le solicitó la revancha, que el vencedor no le concedió. Ganar –una de una– ante el mejor del entorno era tanto o más del ciento por cien, debió de pensar desde su grado de inmodestia… Luego, las piezas en el estuche, le reveló el cuándo y el dónde…».