Anatomía de un instante» es un minucioso trabajo literario sobre el golpe de estado del 23 de febrero de 1981 que pormenoriza con precisión quirúrgica el paso decisivo de la transición por aquel capítulo negro de la historia española desde la recreación de sus principales protagonistas.
El libro de Javier Cercas, absolutamente recomendable, fue publicado hace 16 años y ahora ha sido adaptado como miniserie televisiva con un resultado portentoso. Rara vez un relato en negro sobre blanco mejora cuando es trasladado a la pantalla.
Los cuatro capítulos en que se divide reviven aquel episodio que se mantiene en la memoria colectiva de muchas generaciones, con interpretaciones maniqueas, hasta su desenlace feliz por el fracaso de la tentativa golpista.
La aguda personalidad de Suárez, Carrillo y Gutiérrez Mellado emerge a partir de la profundidad interpretativa de los actores que les dan vida. Sus actitudes permiten evocar y comprender la fragilidad que tenía aquella democracia infantil entre tensiones y silencios de cuanto ocurrió en el tiempo que precedió al asalto al Congreso.
El teniente coronel Tejero y el rey Juan Carlos I son los otros papeles relevantes de la miniserie, mientras que el último episodio recrea el juicio del que menos se supo y que vale la pena recuperar. No despeja por completo las dudas en torno al conocimiento previo del emérito sobre el ruido de sables que blandían los generales Milans del Bosch y Alfonso Armada, entre otros, pero sí constata que su comparecencia televisiva con uniforme militar horas después depuso a los golpistas activos y fue el principio del fin en la noche de los transistores.
Ese discurso sin ambages vale gran parte del reinado ‘juancarlista’, más allá de su latrocinio y del comportamiento posterior que ha malogrado aquella imagen por más que ahora, inoportunamente, intente recomponerla con mensajes de anciano empecinado en hacerse oír cuando su instante pasó ya hace muchos años.