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Lo peor de cada casa

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Sin duda alguna, la izquierda tiene gente más seria que Ábalos, Cerdán o Salazar para ser número dos de los socialistas; desde luego, existen muchos militantes y dirigentes capaces de mantener la misma postura política durante toda una semana pero tenemos de presidente a alguien que cambia en horas, sin ningún rubor. No puede ser que un Patxi López no entienda la no retroactividad de la ley y lo exhiba en público.

No es posible que en la izquierda más feminista no haya nadie con el mínimo de cualificación técnica como para que la ley del ‘solo sí es sí’ no excarcelara a centenares de violadores; debe de haber alguien que, al tiempo que defiende la enseñanza pública, no mande sus hijos a un colegio privado o concertado; alguien hay que defienda los barrios humildes sin largarse a Galapagar apenas se lo permite el salario público.

La izquierda no se merece políticos que para embolsarse la dieta duerman en el propio Parlament balear, escondidos tras las butacas, o que no comprendan que un fiscal no puede revelar datos de los ciudadanos, incluso aunque sean evasores y pareja de una rival.

Yo creo que debe de haber alguien en la derecha española que tenga la capacidad de hilvanar una idea en público y no hacer como Feijóo que vive en una huida constante; incluso en esa derecha alguien debería ser capaz de estructurar un discurso moderado como clave para la construcción de un país en paz. No puede ser que tengamos que soportar políticos de derechas que únicamente saben hablar de los temas que la izquierda pone sobre la mesa. No entiendo cómo Cuca pudo estar donde estaba.

Hay pocos pero algún político debería haber en España capaz de defender las políticas conservadoras antiwoke sin caer en el falangismo caduco que se filtra por las costuras de Vox. Porque debe de haber quien sea capaz de tener una visión actual del mundo, incluso aunque sea desde el extremo derechista, sin ser un títere de Trump.

El Partido Popular de Balears debe de tener algún militante capaz de gastar el Presupuesto y no dejarlo en la caja, ante su impotencia para hacer los trámites correspondientes. Alguno, digo yo, debería sospechar que no tiene sentido que los barrenderos de Emaya, que no hacen nada porque para eso los enchufaron, sean empleados públicos. No puede ser que el equipo de la presidenta sea lo mejor que tiene un partido con décadas en el poder en Baleares.

En España, y en Balears, por supuesto, uno periódicamente se encuentra con personas competentísimas, sutiles, con el cerebro en su lugar, capaces de pensar, de argumentar, de dialogar, de defender posturas consistentes, sólidas, sin que sean veletas. Hay gente respetable que no piensa que la política sea una oportunidad para robar, ni para colocar a la familia, ni para ligar. Y sin embargo, nos gobiernan los otros, los impresentables, los incapaces. Yo conozco izquierdistas y derechistas con cabezas bien amuebladas pero que ya hace tiempo reniegan de los que han conquistado las instituciones. Hay gentes respetables, capaces, luchadoras, que llevan la política en la sangre y que, sin embargo, no quieren tener nada que ver con los partidos. Algunos, muy pocos, los han tocado y han salido huyendo. No aguantan. Quién se puede imaginar a alguien serio en el Peugeot de Sánchez, por España, con gente de la catadura de Koldo, Cerdán o Ábalos. O de Pedro, que al menos tiene el defecto de no detectar a los ladrones que le rodean. Quién puede ocupar un cargo en la derecha, cuando se producen los repartos de dinero negro. ¿Puede alguien serio estar en la dirección de Podemos con Errejón y Monedero persiguiendo mujeres? ¿Han visto lo que es el grupo parlamentario de Vox en Baleares, en el que entre ellos se insultan con una pasión que sería fantástica si la dirigieran a pensar en el futuro de Balears?

La gente que vale, la que sabe, la que entiende, la que podría cambiar este país, hoy no se acercaría a un partido político porque no lo soportaría, porque su ambiente está podrido, porque son nidos de corrupción, entendida esta palabra en su sentido literal, o sea de desnaturalización de su función original.   

El desastre es tal que hasta el más incompetente pasa desapercibido; que la ministra de Hacienda defiende a su candidato extremeño que amañó toda la historia del hermano del presidente es una alarma estridente.

Nuestra política es hoy lo peor de cada casa. Y la única solución a este caos es que estos políticos se expulsen a sí mismos y creen un sistema más exigente que los excluya definitivamente. Va a ser que no, me temo.

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