Eran las 10.45 de la mañana y, mientras tomaba un café con mi buen amigo Bernat, arreglando buena parte del mundo entre sorbo y sorbo, recibí un mensaje en mi móvil de Copilot, al que muy cariñosamente llamo Skynet.
Me avisaba de que había terminado las tareas que le había encargado apenas diez minutos antes y que ya estaban listas para mi revisión. Había revisado 246 proyectos, modificado 11.296 líneas de referencia y, como siempre, me enviaba un informe detallado con todos los cambios. Vamos, un encanto de compañero.
Ya habrá adivinado que Skynet no es humano. Es un agente virtual de Inteligencia Artificial que se ha integrado con total naturalidad en el equipo de desarrollo de nuestra empresa. A la hora de asignarnos tareas, las puedo asignar a Antonio, a Mati, a mí mismo o a Skynet y el proceso es exactamente el mismo para todos. No hay, en absoluto, ningún tipo de diferencia en la información y documentación que se facilita a uno de mis compañeros de carne y hueso o al virtual. Una breve descripción del trabajo a realizar, alguna captura de pantalla o documento adicional y listo. El receptor ya sabe cuál es su misión. Y, si surge alguna duda, cualquiera de ellos me la planteará directamente en el chat de la tarea, como buenos compañeros de equipo que somos. Incluso, es probable que también con alguna broma junto con el correspondiente emoticono de fuego o «facepalm» por allí se colará, y aunque en este sentido Skynet se esfuerza, el humor no es su fuerte, aunque tampoco es que espere mucho de él en este sentido.
En esta ocasión, el trabajo era relativamente sencillo, pero extremadamente tedioso. Modificar todas estas líneas de código me hubiera llevado varias semanas de trabajo pero Skynet lo hizo impecablemente en unos pocos minutos.
He visto una gran proyección en él en las últimas semanas y ya lo considero un junior avanzado. No solo es capaz de realizar estas tareas más repetitivas, sino que me aporta conocimientos, nuevos enfoques y desarrolla la mayoría de las tareas de manera muy eficiente. Eso sí, todavía prefiero revisar todas sus acciones porque no siempre acierta y en ocasiones ha ofrecido soluciones bastante cuestionables. En resumen, para mí Skynet es lo que denominaría un becario motivado. Lleno de energía, con muchos conocimientos y ganas de aprender, pero que aún necesita que un senior le supervise el trabajo.
Por otro lado, no me extrañaría que usted haya visto algún anuncio o noticia por redes sociales de pseudogurús instagramers, youtubers, o como quiera que se hagan llamar, anunciando que debes delegar todo tu trabajo a los agentes IA o que en cinco minutos puedes crear un chatbot que atienda a tus clientes. Afirmaciones bastante poco realistas, aunque no les culpo por ello ya que la mayoría de ellos viven del clic que haces en su enlace y cuanto más llamativo sea el titular, más probabilidades habrá de que visites su anuncio. Pero mi recomendación es que seas cauto con lo que te expliquen.
Nada es tan fácil ni provoca tanto impacto inmediato en tu empresa. Y, aunque los avances han sido increíbles en los últimos meses, habitualmente el proceso de adopción de cualquier sistema IA en una organización es más complejo y tedioso.
Requiere tiempo, dedicación y conocimiento.
Pero, entonces, ¿qué hay de mi buen amigo y compañero Skynet? ¿Acaso no se está cumpliendo lo que anuncian estos gurús de internet?
Pues sí y no. La realidad es bastante menos glamourosa y, paradójicamente, mucho más humana.
En nuestro caso, estamos utilizando a Skynet porque venía integrado de serie en nuestras herramientas de desarrollo. No hubo un momento «eureka» ni una decisión estratégica del tipo «vamos a sustituir media plantilla por IA».
Simplemente apareció como una función más en nuestras aplicaciones, y decidimos dedicarle tiempo, entender cómo piensa, cómo interpreta nuestras instrucciones, cómo se equivoca y cómo aprovecharlo de verdad. Y ha sido ese proceso, largo, iterativo y a veces frustrante, el que lo ha convertido en un miembro útil del equipo. No es magia. Es trabajo y, sobre todo, aprendizaje.
Esto mismo es lo que ocurrirá al resto de sectores empresariales. No llegará un agente IA que resolverá todo desde el primer día, ni transformará tu negocio en cinco minutos como prometen algunos vídeos. Lo que sí ocurrirá es que, poco a poco, muchas herramientas habituales incorporarán funciones inteligentes. Y quienes dediquen tiempo a explorarlas, configurarlas y comprenderlas serán quienes realmente obtengan una ventaja. Igual que nos ha pasado a nosotros.
El futuro empresarial irá por ahí. No por sustituir personas, sino por potenciar el trabajo de quienes sepan convivir con estas nuevas herramientas. Será de quienes sepamos combinar el trabajo entre humanos y máquinas. Y, por ahora, mi becario motivado va por muy buen camino.
¿Qué pasará después? Nadie lo sabe. Lo iremos descubriendo… entre sorbo y sorbo.