Embarquemos a un terraplanista en un cohete (por ejemplo en uno de esos que decía Yoli que guardaban los ricos en el garaje a la espera de que, tras la destrucción del planeta que ellos mismos planeaban realizar, sólo los muy pudientes pudieran huir, partidos de risa, provistos de un pollo asado para el camino, hacia el espacio exterior). Perdonen el pitorreo, pero es que la siempre emperifollada «sumadora» dijo esta y otras chorradas por el estilo (visiten hemeroteca) sin pestañear; y la cosa sería hilarante en extremo si no fuera porque soy uno (usted otro) de los que costean los vestidos, el apartamento que ocupa gratuitamente, los viajes, los asesores (a quien Dios perdone) y -lo más oneroso de todo- las consecuencias de los disparates que llevó al consejo de ministros esta paisana tan mediocre (escuche con atención sus discursos vacíos de contenido y cargados de sandeces expresadas con patética solemnidad) que insiste en criticar las traiciones que perpetra ese gobierno, del que sin embargo forma parte (es vicepresidenta segunda, ni más ni menos) sin ocurrírsele la idea de dimitir, dadas las discrepancias que con ellos mantiene: en la vida real hace frío, especialmente para perfiles de ínfimo registro como el suyo.
Lo siento, que me voy por las ramas. Estaba sugiriendo meter en un cohete a un terrapalanista y darle un par de vueltas alrededor del globo. No descarten que a su regreso a la tierra, el sujeto en cuestión siguiera afirmando que el planeta es plano. Tal es la condición de no pocos individuos, que prefieren aferrarse a una creencia que asumir lo obvio.
Salvando las distancias (milimétricas), sigue habiendo quien se esmera en reforzar a quien le viene engañando a calzón quitado desde hace ya varios años. No debería ser tan incómodo reconocer que estabas equivocado. Lo digo por experiencia: a lo largo de mi vida he ido comprendiendo que bastantes cosas no eran como yo pensaba. No pasa nada; con seguridad volveré a equivocarme. ¿Y?. Cuando los hechos te demuestran que alguien te está tomando el pelo, resulta siempre más sano dolerse y reconocerlo que hacer el ridículo y ofuscarse en una posición insostenible.
Ejemplo: Si Sherlock levantara la cabeza y Watson le contara que el ex Fiscal General del Gobierno (que no del Estado) había estado tocando las narices a sus subordinados de madrugada para obtener urgentemente un documento, y que en cuanto vio que estaba siendo investigado se apresuró a borrar su teléfono y su correo (habría que explicar a Sherlock esas herramientas modernas), imagino que diría: no sigas; elemental, mi querido Watson. Y encendería su pipa.
Produce vergüenza ajena que tanta gente se siga aferrando a un anodino trampantojo y siga aceptando lo inaceptable.
Vale. Feijoo no mola nada, ni Ayuso, ni Abascal. En esto coincido con muchos socialistas. Pero esto no convierte a Sánchez en aceptable. Los partidos políticos son el mayor obstáculo que tenemos los ciudadanos para defender nuestros intereses.
O acaso no habéis visto lo que les sucedió a Iglesias, Irene, Rivera, Rufián y tantos otros, apenas entraron en el teatro político de partido: parole, parole, parole…y pasta para la buchaca (no paran de usurpar tu pasta y la mía, querido lector).
En el caso que nos ocupa: ok, tu eres de izquierdas. Estupendo. Eso no te obliga a comulgar con ruedas de molino. Ni Sánchez, ni Zapatero ni ninguno de los ministros y pelotas que les rodean son de izquierdas ni de derechas. Son de «¿qué hay de lo mío?» Y bien se deben de reír cuando ven a tantos tragar con cuentos que no se creerían niños de diez años.
La cuestión es ¿Qué más tiene que pasar para que los votantes del PSOE reaccionen y pidan a su jefe de filas que desmantele el tinglado que han montado desde su llegada al poder?
Unos jubilados interrogados al respecto contestaron que seguirían votándole porque les había subido las pensiones.
Deduzco que votarían también a Pinochet o a Calígula si les ofrecieran más pasta que Sánchez.
No parece postura de la que estar demasiado orgulloso.
Ni es inteligente: la pasta que ahora le ofrecen se la han birlado previamente.