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Joves amb veu

Mi querida Cecilia

| Menorca |

Este artículo representa un paréntesis importante en los temas que acostumbro a escribir en esta columna, pero considero pertinente dejar descansar un momento la cuestión política y así variar un poco sobre las infinitas escrituras que se pueden hacer, por ejemplo, sobre la música. Y es que las composiciones de la cantante Cecilia, representan casi con exactitud la realidad de muchas personas y la de nuestro país que, en ocasiones, parece no saber hacia dónde se dirige.

Cecilia murió hace 49 años, en 2026 serán 50, justo en el momento cuando España atravesaba su periodo más complicado y tenso de su historia reciente. Esto, como he dicho antes, no fue un impedimento para retratar el contexto social de la época que muchos consideran ya superado, pero los problemas de la sociedad de aquel momento siguen presentes a día de hoy. La canción «Mi querida España» representa esa disyuntiva eterna entre dos realidades que no quieren ni verse por casualidad, pero que en algún momento, deberán entenderse no por su propio bien, sino por el de 50 millones de seres humanos que no quieren volver a escoger entre ser verdugos o víctimas, sino ser un pueblo de palabra con dulce proeza.

También se puede mencionar la letra de «Al son del clarín», que describe la hipocresía y la codicia de un sistema que no acepta más que el sacrificio y humillación eterna por el dinero antes que cualquier otra cosa. Y así diversas canciones que Cecilia, con un ingenio que solo los artistas tienen, logró dejar inmortalizadas sorteando la censura que desafió en televisión abierta y festivales musicales. Simplemente una dama que hizo lo que le vino en gana.

Es evidente, queridas y queridos lectores que Cecilia para mí (y muchas personas), no es otra cantante más de los años setenta que murió de forma trágica y de las que se recuerdan dos o tres canciones como mucho, ella es la esencia del cambio de conciencia que las y los españoles buscaban después de años de silencio y soberana pudor a la modernidad. Ella, a pesar de solo haber tenido diez años de carrera artística, perdura en tiempos donde una voz cálida y cercana hace tanta falta. Nos dejó muy pronto, es verdad, pero entre su ciudad de asfalto y sin aire, la monja María que va pasillo abajo y pasillo arriba o el soldadito de plomo que mata por un general de madera, su legado es aquel amor de medianoche que dice adiós y el ramito de violetas que llega sin tarjeta y como ella, quiero ser peregrino por los caminos de España.

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