Pacientes lectores de esta quincenal perorata (últimamente monográfica). Estreno año desde otro continente. Incluso desde otro hemisferio. Para celebrarlo, hoy no despotricaré contra los amados líderes.
¡Que es broma!
Entiéndanme, no es broma lo de que estoy en lejanas latitudes; es broma lo de no «piar» contra los que ustedes ya saben. Quizás se haya instalado en mi genoma la inconformidad, a base de frustración e impotencia. Es molesto, pero no mortal.
Hace unos días visité el museo del apartheid en Ciudad del Cabo.
¡Qué canalla puede llegar a ser el humano! Ya conocía lo de la segregación racial, lo de los carteles que señalaban la limitación del uso de cierto espacio público a los blancos etc. Lo que no sabía es que estos cerditos habían destruido todo un barrio poblado por negros para construir en su lugar (se ve que el emplazamiento era apetecible) un barrio entero para blancos.
Una de las cosas que me produjo más asco de las fotografías que este desasosegante museo expone, es la constatación de que las escavadoras con que se demolía un barrio entero eran manejadas (quizás obviamente) por negros. Desde luego, nuestros líderes no son tan canallas cómo Pieter Botha, ni nos obligan a derribar nuestras casas para construir las suyas. Los nuestros se contentan con vivir bien a nuestra costa, facilitar «curro» bien pagado a cientos de sus amigos y crujirnos a impuestos para hacer posible su mullida forma de vida. Nos parasitan sin matarnos, por así decir. Podemos estarles agradecidos: podría ser peor.
Cape Town es una ciudad brillante. Bien pudiera uno confundirla con Miami, Auckland o Vancouver, con restaurantes de lujo, centros comerciales modernos e impolutos.
Saliendo en coche de tan atractiva ciudad, el viajero recorre decenas de kilómetros de autopista flanqueada por enormes conglomerados de chabolas construidas con chapa, uralita y miseria.
El capitalismo puede (a poco que se esfuerce) producir este tipo de canalladas.
El comunismo puede producir (y produce) Maduros, Castros, Ortegas…
El socialismo llega a producir (a poco que los votantes se cieguen) Pedros, Koldos, Cerdanes, Yolandas, Alegrías, Bolaños, Puentes, Monteros, Patxis y lamebotas por el estilo.
Si Franco emitía NODOS, la PSOE perpetra Intxaurrondos.
Si la mujer de Ortega es vicepresidenta de Nicaragua por la gracia de Dios; si Imelda Marcos acumuló un contenedor de zapatos, Irene compró un chalet tipo «casta buena» y su marido se hizo pagar un bar por sus feligreses (hay que ser pringados); Bego obtuvo cátedra y mudó en exitosa emprendedora (esta vez sin saunas de por medio) en loor de santidad; David mandó crear un puesto a su medida bien pagado mientras el harén ministerial obtenía empleo público sin necesidad de opositar.
La pregunta es: si el socialismo, el capitalismo y el comunismo suelen acabar malamente para ciertas capas (amplias) de la sociedad y acaban beneficiando exclusivamente a las castas gubernamentales (civiles o militares), ¿quién me puede orientar sobre el sistema que debería implementarse en España para que nos pareciéramos más a Noruega que a Venezuela?
Lamentablemente yo no tengo solución a esa pregunta. Sé que pinta mejor Escandinavia (quitando el criminal clima) que nuestro ecosistema patrio, pero ignoro la razón. ¿Somos tontos acaso?, ¿Quizás demasiado pardillos?
El caso es que aceptamos, sin apenas hacer nada al respecto, dar de comer a muchos más políticos que Francia, Inglaterra y puede que incluso Italia, países con mucha más población que el nuestro.
Aceptamos, sin apenas revelarnos, que nuestros impuestos se dilapiden en chorradas (lean al respecto las publicaciones de ese ex senador que indaga sobre despropósitos en descabelladas subvenciones) cuando no en hacer ricos a nuestros lobistas más espabilados y mejor arrimados al ascua gobernante.
Ya sé que resulto un poco coñazo, pero no veo justo en absoluto que la mitad de lo que consigo producir con mi esfuerzo me lo incauten con la falaz excusa de las carreteras y los hospitales. Si todo lo recaudado fuera donde tiene que ir, y no acabase en manos de sanguijuelas, tendríamos servicios suizos.