«A la necesidad del paisaje como noción cultural y científica se une la necesidad del paisaje como marco de vida y factor de calidad territorial y bienestar social. Los paisajes son identificados por la sociedad de hoy como recursos valiosos sometidos a un proceso rápido y a veces profundo de recomposición y, demasiado a menudo, de degradación» (*). Esa degradación puede ser motivada por la falta de mantenimiento del entorno, por una gestión inadecuada o por implantar construcciones o infraestructuras que modifiquen y deterioren el paisaje histórico. Las construcciones y edificios históricos o monumentales son tan esenciales como el propio entorno natural en la composición del paisaje, y su preservación es imprescindible, dentro del propio paisaje singular.
Encapsular la arquitectura es lo que se ha realizado en dos entornos paisajísticos singulares de Menorca. Uno de ellos, colmatado por la construcción, la isla Pinto, y otro de la época talayótica, el conjunto de navetas de Rafal Rubí. La isla Pinto adquiere su configuración actual en la segunda mitad del siglo XVIII, con la formación de los muelles y la construcción del edificio principal, formando una cruz doble de sencillo clasicismo, con una torre de reloj central. El varadero se data en el siglo XIX y otras edificaciones son posteriores. Actualmente el conjunto aparece totalmente encapsulado, solo se aprecia la torre del reloj. Debido a la plantación de pinos que envuelve la isla, ha desaparecido totalmente la arquitectura, que formaba parte del conjunto de la Base, y del paisaje del puerto. Se ha perdido la visualización de la arquitectura. Debería reducirse o eliminar la masa forestal que la oculta. Sería deseable una gestión más eficiente, redescubriendo el patrimonio arquitectónico, actualmente sin uso. También sería interesante evaluar posibles convenios entre Administraciones, para darle un uso que facilite su mantenimiento, quizá un museo naval, como se ha llevado a cabo en las antiguas atarazanas de Cartagena.
Encapsular fue también la respuesta dada en Rafal Rubí al detectar la degradación del paisaje en el entorno del yacimiento, debido al inicio de la modificación de la carretera. El entorno limpio, con escasos árboles, que rodeaba las navetas, se dejó de podar, generando una barrera tupida que encierra el yacimiento, impidiendo su visualización. Ni se ven las navetas, ni desde las navetas se ve el ‘puente’, y el informe de impacto patrimonial obtenido por la Conselleria de Movilidad, en julio de 2024, aceptó esta situación como propuesta de protección del paisaje, ciertamente cuestionable. De hecho, ni se analiza el paisaje en el informe. La calidad del paisaje desaparece, en este caso, al no poder apreciar las construcciones monumentales, que constituyen un elemento esencial del mismo, como pudimos apreciar en una fotografía aérea del yacimiento. Preservar un paisaje es mantenerlo en su integridad, no encapsularlo.
Otros yacimientos han sufrido el mismo problema de transformación por nuevas infraestructuras. El gobierno de David Cameron propuso una modificación de la vialidad en el entorno de Stonehenge, monumento megalítico de 3100 a. C., proyectando una nueva ruta con enlaces a doble nivel en las cabeceras y un largo recorrido por el parque, en parte en trinchera y bajo túnel en un tramo central bajo el yacimiento. El proyecto tuvo una gran oposición en la zona, canalizada a través de la Stonehenge Alliance. Finalmente se descartó la infraestructura por su coste, evitando la degradación del monumento, declarado como Patrimonio Mundial.
También en el proceso de declaración como PM de los dólmenes de Antequera, que se resolvió con más celeridad que el de la Menorca Talayótica, se debatió la idoneidad del Museo del Sitio de los Dólmenes, previsto en un edificio de los años 80 que tuvo que demolerse, en casi dos plantas, por razones de afectación al paisaje, con el asesoramiento de la inspectora de la Unesco Margaret Gowen y la dirección del arquitecto Antonio Campos, quien dijo «creo que ha sido un proceso ejemplar». La demolición permitió mejorar la intervisualización de los yacimientos, con la colaboración positiva de los distintos agentes, para dar sentido a la declaración de Patrimonio Mundial y cumplir con los deberes inherentes a la candidatura. Es una lección a aprender para el caso de Menorca.
La protección del paisaje requiere herramientas diferentes de las que se han practicado en Menorca, quizá por falta de gestión, o por desconocimiento de lo que significa el paisaje, tal como lo describe la Dra. Jiménez en la cita que encabeza este escrito. Encapsular la arquitectura no supone proteger el paisaje del entorno, sino degradar su valor y su significado.
(*) Yolanda Jiménez Olivencia, representante de las universidades andaluzas en el Comité Científico Español del Programa MaB de la Unesco