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Las historias que se cuentan mal

| Menorca |

Hasta hace cuatro días habría yo puesto la mano en el fuego defendiendo la historia de Diógenes y su vida dentro de un tonel o barril. De haber hecho eso de poner la mano en el fuego me habría llevado directamente al hospital a la planta de grandes quemados porque Diógenes no vivía en un barril sino en una gran tinaja de barro en la ciudad griega de Sinope donde había nacido sobre poco más o menos entre 412 y 323 a.C. Si eso fue así debemos convenir en que los recipientes para almacenar líquidos y grano eran de barro y no de madera. El ánfora o la tinaja son más antiguas que el barril o tonel. Parece que todo se debió a una mala traducción de la palabra griega «pithos» que se tradujo como barril. En puridad pues el pithos era una gran vasija de barro que se usaba sobre todo para almacenar grano y que Diógenes parece que empleó cuando de Sinope se fue a vivir a Atenas.

Nada de extraño, muchos han vivido en un armario por su sexualidad incomprendida y, en algunos regímenes dictatoriales, perseguida. Escribir pontificando de lo que se ignora es una apuesta por la ignorancia. Fíjense en el siguiente ejemplo: en el libro «Críticas gastronómicas» de Francisco Moreno de Herrera, Conde de los Andes, página 128, dice que «en Vinaroz muere el general Duque de Vendome1 a consecuencia de un atracón de arroz y que está enterrado en El Escorial». Antonio Vergara en su libro «Comer en el país valencià», páginas 84 - 85, recoge una anécdota referida por Joan Fuster donde dice que el Duque de Vendome, su excelencia el general de los ejércitos franco-españoles, que defendían la candidatura de Felipe V en la Guerra de Sucesión, murió a consecuencia de un empacho de langostinos. Su cuerpo embalsamado fue enterrado en El Escorial y sus tripas con los langostinos recibieron cristiana sepultura en una iglesia de Vinaroz. Añade Antonio Vergara: «era un mal gastrónomo aquel duque, un buen aficionado no debe morir nunca de un atracón».

Algunas informaciones son verdaderamente lamentables y que además no se me alcanza por qué se producen. En mi biblioteca tengo una abundante colección de libros sobre caza. En «El canto del Hamerkop», de Alfonso de Urquijo, página 106, dice: «trajeron también otra mujer que había sido picada por una serpiente venenosa».    Lamentable error en un excelente libro. Verá usted don Alfonso, las serpientes no tienen aguijón como las avispas o las abejas, las serpientes no pican, las serpientes muerden.

¡Hombre!, que un expresidente se deslice por la cuesta abajo y sin freno diciendo que «el actual gobierno es ilegal», me parece más propio de una afirmación de políticos extraterrestres. ¿Usted se imagina criaturas de 5 o 6 años oyendo semejante afirmación?, contaminando su endeble capacidad para separar lo verdadero de lo falso, en la historia de su país que le afectará gravemente su futuro. ¡Sí, sí!, yo viví en tiempos de un gobierno ilegal… eso le marcará intelectual y humanamente.

En infinidad de textos gastronómicos se pondera con grandes alabanzas hacia sus sabidurías gastronómicas a Brillat Savarin. Pero fíjense en lo que dice María Mestayer Echague, Marquesa de Parabere, en su libro «Historia de la gastronomía», página 121 y 127, donde afirma «Brillat Savarin jamás supo comer, solo pensaba en llenar el estómago, le daba igual con qué, además nunca supo guisar, jamás fue un buen gastrónomo y menos aun un brillante gourmet».

¡Déu meu, qué cosas!

1Luis José de Borbón murió el 11 de junio de 1712 en Vinaroz (Castellón). Fue un importante militar francés descendiente de Enrique IV de Francia.

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